Zapata y Abreu

07/02/2015

Dos importantes figuras culturales venezolanas que han aparecido en las noticias recientemente – Pedro León Zapata, un artista y caricaturista que acaba de fallecer, y José Antonio Abreu, cuyo programa de entrenamiento orquestal está celebrando su 40º aniversario. Resulta interesante recordar el momento en que sus caminos se cruzaron – uno de muchos momentos en la historia de El Sistema que son desconocidos para muchos auto-denominados “expertos” del El Sistema en los Estados Unidos y en otros lugares fuera de Venezuela. El texto líneas abajo fue extraído del famoso artículo sobre Abreu de 1994 escrito por Rafael Rivero y titulado “El Ogro Filantrópico”:

Nada comparable el escandalejo, sin embargo, con aquel en que se vio envuelto en 1979: de un lado las orquestas juveniles y del otro, un crítico de música, Gustavo Tambascio. Este era un intelectual porteño refugiado en Venezuela. Para la fecha, en la Argentina existía un horrendo organismo parapolicial, la Asociación Argentina Anticomunista -la Triple A-, encargado de perseguir, capturar y si era posible torturar a cuanto político o intelectual presentara síntomas de enrojecimiento, lo que acarrea una especie de diáspora sureña, gente en general muy calificada y con predilección por Venezuela, saudita para la época. De filiación izquierdosa, filósofo y melómano, hombre de prestigio entre pares, Tambascio colaboraba en el legendario Cuerpo E de El Nacional con una ácida y pedantísima columna de crítica musical. Un infausto domingo 11 de noviembre la emprende contra un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana, engendro de la Simón Bolívar. “Un caos orquestal”, escribiría Tambascio, “que recordaba los epílogos de los cumpleaños infantiles donde los niños se arrojan pedazos de torta, resbalan por el piso y se pelean por los remanentes de las piñata, quizás debiera haber hecho como un conocido pianista que abandonó el concierto en el intermedio, presa de indignada agitación. Con toda la simpatía que suscitan los muchachos de Abreu (aunque el concertino ya está cronológicamente para una orquesta de adultos), no puedo dejar de remarcar notorios lapsus de afinación. Incontrolada catarata de sonidos”, concluía el columnista, con crueldad.

Abreu se dejó llevar por los frenesíes de una ira entre nacionalista y xenofóbica en la respuesta aparecida al día siguiente. “Estimado director del Cuerpo E, hoy me corresponde constatar la existencia de una creciente ola de aventureros, traficantes, arribistas”, comenzaba su contraataque. “En su ridículo estilo, plagado de nuevorriquismo intelectual, el señor Tambascio ensaya una burla repugnante al magnífico concierto dirigido por el maestro Alberto Grau. Ha de saber él que en Venezuela abundan los dispositivos legales para golpear muy duro en todos los terrenos a quien intente insultarla o denigrarla. Ver estampada su firma al final de tantas estupideces contra auténticos valores patrios nos duele muy hondo a los venezolanos y vamos a hacer respetar a cualquier paracaidista que pretenda escupir sobre nuestros valores e instituciones. Su articulejo no quedará impune…”.

Sus incondicionales firman un remitido público en su defensa, pero el Cuerpo E hizo una encuesta entre intelectuales y la mayoría recriminó el chovinismo del aludido. El más cruel, el inefable Pedro León Zapata, con dos terribles caricaturas: “Ahora Abreu se escribe con triple A”, y en la otra: “Cuando las madres de los niños pemones leyeron la carta de Abreu, botaron los violines”. Luis Alberto Crespo y Nabor Zambrano, que para la época trabajaban en el Cuerpo E, fueron testigos de que Abreu, parado en la puerta de El Nacional y luego de dejar el remitido de sus fieles, dijo: “Tengo que ponerme a escribir, ¡qué poder tiene la prensa!”.

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