Una última vuelta de tuerca

2/11/2016

Hace unos días atrás, en una importante reunión en el Centro de Acción Social por la Música de El Sistema, una representante del gobierno, la Vice Ministra de la Suprema Felicidad del Pueblo (!) Carolina Cestari, recordó a los empleados de la institución que sus fondos provenían de la Oficina del Presidente, y, por ende, tenían que apoyar el proceso revolucionario del gobierno o buscarse un nuevo empleo. Se les dijo que no firmen la petición para el referéndum revocatorio que en los últimos meses había sido el punto focal de los esfuerzos de la oposición. También parece que ahora se les está obligando a participar en marchas en favor del gobierno, y según una fuente ya lo han estado haciendo.

En los círculos de música clásica de la capital existe consternación por lo ocurrido. No obstante, y como ha sido el caso a lo largo de la historia de El Sistema, ningún empleado se ha pronunciado públicamente ni ha denunciado lo ocurrido hasta el momento. Los niveles de presión y miedo son altos, y 40 años de orquestación jerárquica y controles estrictos impuestos por su fundador José Antonio Abreu, quien ve a la orquesta como una escuela de disciplina social, han dejado a los músicos sin una voz política y sin la capacidad para organizarse por sí mismos.

Pese a la existencia de varias grabaciones de audio y fotos de la reunión, la prensa no ha mencionado ni una sola palabra sobre la misma (a excepción de este resumen de la reunión preparado por una periodista). De igual manera, los promotores y comentaristas de El Sistema en el exterior la han ignorado. Aunque hay que reconocer que los periodistas están con mucho trabajo en estos días dada la agitación política que actualmente vive Venezuela, los promotores y comentaristas del programa siempre han tratado de hacer ver a El Sistema como una entidad apolítica, y es muy probable que estén tratando de evitar el tema. Si se ven obligados a abordarlo, me imagino que tratarán de darle un giro para hacerlo ver como si esto se tratase de un cambio radical. Definitivamente no lo es. Ésta no es más que la última fase de un proceso que se viene dando desde hace ya varias décadas – una última vuelta de tuerca política.

El Sistema siempre fue político. Abreu era político mucho antes de que creara El Sistema, y siempre ha pensado y actuado como tal, incluso cuando sus maniobras políticas resultaron ser prácticamente invisibles durante largos periodos de la historia de El Sistema. No obstante, por varios años combinó la administración de El Sistema con su puesto como Ministro de Cultura. Más recientemente, aseguró la supervivencia de El Sistema al tranzar con Chávez. El programa recibió financiamiento directo y enormes préstamos para su expansión a cambio de convertirse en una herramienta política (de forma directa e indirecta). Casi una década atrás, en 2007, la clausura del canal de televisión de la oposición RCTV (Radio Caracas TV) hizo que los cada vez más estrechos lazos entre el gobierno y El Sistema se volvieran visibles. Llegada la media noche, el canal fue sacado del aire para ser reemplazado casi inmediatamente por una interpretación del himno nacional por un coro de El Sistema y una orquesta dirigida por Dudamel (quién fue traído desde Escandinavia en un jet del gobierno), inaugurando así el canal gubernamental TVES en la misma frecuencia. Muchos venezolanos interpretaron esto como una movida altamente política y criticaron duramente a Abreu por ella. El Sistema fue transferido al Despacho del Presidente en 2011 y fue muy obvio que (como lo dejó en claro Cestari la semana pasada) los fondos provenientes de esta fuente venían con condiciones de por medio. En diciembre de 2015, según una nota de prensa del periódico El Nacional, los líderes de El Sistema habrían presionado a los directores de las escuelas de música para que movilizaran a sus empleados para que votaran por el partido socialista oficialista en las elecciones. (Han habido casos similares en los últimos años, algunos de los cuales he mencionado en este blog). En otras palabras, los eventos recientes son señales de una intensificación, pero también son parte de un patrón de largo plazo, y pueden ser vistos simplemente como el gobierno exigiéndole a El Sistema de que cumpla su parte del trato. La idea de que El Sistema se ha politizado de un día para otro no resiste ningún tipo de escrutinio.

Sin embargo, la conversación pública en el norte global ha sido liderada por personas que ya sea tienen intereses personales o profesionales en el éxito de El Sistema o cuentan con un conocimiento limitado de la realidad venezolana (o ambas), y sus desmentidas y ofuscaciones han hecho que este elemento central del programa pase desapercibido para todos salvo los observantes más cuidadosos. Mark Swed del LA Times, por ejemplo, ha desasociado a Dudamel del contexto político en repetidas ocasiones, más recientemente la semana pasada. Alguien con un entendimiento más amplio de la situación y una mayor predisposición investigativa presionaría más a Dudamel, y se daría cuenta que, aunque puede que El Sistema haya sido una fundación estatal por casi 40 años, el problema es su relación con el gobierno actual. También se daría cuenta que Dudamel no es el “simple músico” del que habla cuando se enfrenta a este tipo de preguntas, sino que está en el medio de la arena política. La Ministra de Relaciones Exteriores, Delcy Rodríguez, se presentó junto con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar ante las Naciones Unidas a principios de 2016, indicando que Dudamel era “su mejor embajador ante el mundo”. El Presidente Maduro ha demostrado su interés personal y su apoyo a los planes de construir una sala de conciertos en Barquisimeto diseñada por Frank Gehry que lleve el nombre del director. Que un plan tan extravagante como éste esté siendo considerado en medio de una crisis económica habla por sí solo.

Dudamel ha logrado evadir el tema político con mucho éxito hasta ahora, gracias a las preguntas muy poco minuciosas por parte de personas como Swed, pero las cosas se han comenzado a ponerse más difíciles para él. En el espacio de una semana, el gobierno venezolano ha sido catalogado como una dictadura por medios de todo el mundo por bloquear la petición del referéndum revocatorio, y El Sistema fue declarado como parte del programa político del gobierno. Resultará muy interesante ver como Dudamel y su equipo de relaciones públicas responden si un periodista les pregunta sobre estos últimos acontecimientos, dado que ahora la línea oficial – que El Sistema es apolítico – contradice totalmente los hechos.

Los acontecimientos recientes solo exacerbarán el flujo de empleados que se está saliendo de El Sistema – otra historia que ha pasado desapercibida por un buen tiempo. Incluso miembros de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar se están escabullendo silenciosamente y apareciendo en otras partes del mundo. Esta es una situación extraordinaria, considerando que estos músicos eran una élite económica muy envidiada cuando realicé mi estudio de campo hace 5-6 años atrás. Hoy en día la inflación descontrolada y la escasez los han dejado en una peor posición financiera, y muchos están tan preocupados por la situación política como el resto de la población. Las cosas parece que empeorarán antes de que exista cualquier tipo de mejora, por lo que los músicos y administradores de El Sistema están abandonando el barco si se les presenta la oportunidad.

En estos días está circulando un rumor muy fuerte que pronto alguien de muy alto perfil abandonará la OSSB: el mismo Dudamel. Me parece que él ve un futuro con cada vez menos beneficios y más problemas en su posición actual a medida que periodistas y críticos comiencen a hacerle más preguntas sobre el tema político. Hasta ahora, la OSSB le ha hecho muy bien, pero dudo que una orquesta de calidad decreciente y bajo un escrutinio cada vez más intenso sea algo más que un peso innecesario para su carrera. El trabajar con los niños de El Sistema en lugar de los adultos lo pondría en una situación menos incómoda. No se sabe que es lo que pasaría con el futuro de todas las orquestas profesionales del programa sin el poder estelar de Dudamel y el atractivo juvenil que gozaba, pero me imagino que El Sistema ya alcanzó a su cúspide como una fuerza imponente en el mundo de los conciertos a nivel internacional.

No obstante, hoy en día existen temas mucho más urgentes que abordar en Caracas. La crisis está pasando factura. Cada vez más músicos de El Sistema están comenzando a darse cuenta que los años de bonanza del programa bajo Chávez no fueron un regalo sino un préstamo, y el gobierno ha comenzado a mandar sus cobradores. Las preguntas más importantes que surgen ahora son: ¿Finalmente encontrarán una voz colectiva los músicos de El Sistema? ¿Se mantendrán firmes quienes se oponen al gobierno y se rehusarán a aceptar su incorporación obligatoria al proceso revolucionario? ¿O el miedo, la dependencia económica y la mano dura de la institución evitarán cualquier tipo de respuesta organizada?

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