Un pacto con el diablo

15/4/2015

La semana pasada publiqué una entrada sobre el video de propaganda del gobierno venezolano “¡Viva Venezuela!”, parte de su campaña “Venezuela es esperanza”, el cual cuenta con una participación importante de una orquesta de El Sistema. Desde entonces, la politización de El Sistema se ha vuelto cada vez más obvia, con reportes que han estado surgiendo de Venezuela que indican que los empleados de El Sistema están siendo obligados a firmar la petición en contra de Obama o corren el riesgo de perder sus empleos. Gabriela Montero, otra vez, ha sido la única músico que se ha pronunciado públicamente y ha dicho lo que muchos están pensando. Sus objeciones fueron reportadas por Norman Lebrecht y el periódico ecuatoriano El Comercio – aunque hasta ahora no han sido reportadas por la prensa venezolana (no es de sorprender, ya que por lo general la prensa de ese país sirve más como el departamento de relaciones públicas de El Sistema en lugar de ser una fuente de reflexión crítica).

Tanto el video como el obligar a los músicos a firmar la petición son acontecimientos importantes, aunque nada sorprendentes. Mientras que el origen preciso de la unión entre la música y la política por parte del programa está abierto al debate – yo diría que ha estado presente desde el principio, dado que fue fundado por un político que pensaba como tal desde el primer día – es algo que sin lugar a dudas no es nada nuevo. La excesiva politización de El Sistema por parte de los gobiernos de Chávez y posteriormente de Maduro ha estado sucediendo durante 15 años, y yo he estado escribiendo sobre ella desde el 2012.

Ha sido completamente obvio desde hace mucho tiempo que Abreu y Chávez hicieron un pacto: un aumento significativo del apoyo gubernamental para el proyecto de Abreu, lo que llevó a su rápida expansión, a cambio del apoyo público e incondicional para Chávez, incluyendo el uso de jóvenes músicos de El Sistema en ceremonias y propaganda del gobierno. Todo el dinero que ha sido invertido en El Sistema en los últimos 15 años ha venido unido a condiciones, las cuales son completamente visibles en la actualidad. Unieron a la educación musical con la política y la volvieron un medio del poder del estado y su propaganda.

En las palabras utilizadas por muchos músicos venezolanos, Abreu hizo un pacto con el diablo. Él y las élites de El Sistema se han beneficiado enormemente en el corto y mediano plazo gracias al mismo, y la subsiguiente expansión del programa ha hecho de éste una sensación a nivel global. Pero el diablo siempre volverá y reclamará lo que se le debe.

Hoy en día, ninguno de los arquitectos del pacto está del todo al mando. Chávez está muerto y Abreu está confinado a su domicilio debido a una enfermedad. Sin importar la opinión que se pueda tener de ellos, ambos fueron políticos excepcionalmente talentosos en sus mejores años, y una posible explicación de los últimos acontecimientos y crecientes desacuerdos sobre la politización del programa es que ahora estos asuntos están en manos de sucesores menos hábiles. Solo el tiempo dirá si estos sucesores podrán evitar que su apoyo mutuo se convierta en un abrazo mortal.