The Spectator, Music Matters y el Los Angeles Times

06/12/14

Las cosas se han acelerado esta semana. Primero que nada está el contundente artículo de Damian Thompson sobre el abuso sexual en la educación musical en Venezuela y en el Reino Unido, titulado “Sexo, mentiras y El Sistema” (en inglés, “Sex, lies and El Sistema”). El artículo tomó información tanto de mi libro como de la obra de Ian Pace, quién ha escrito otro artículo expandiendo sobre este tema que es una lectura obligada para cualquier persona interesada en el mismo.

El artículo en The Spectator ha sido recibido con un silencio sepulcral por parte de El Sistema y los que lo apoyan a nivel internacional, pero sí han habido comentarios al respecto en internet. Éstos han caído más que todo en tres categoría generales:

1) Baker es un mentiroso/marxista/fascista/solo lo hace por el dinero, etc.

2) Bueno, hay varias historias y rumores que están circulando sobre abusos sexuales dentro de El Sistema, pero son solo chismes y no deberían distraernos del buen* trabajo que el programa está realizando.

3) Baker tiene razón y el artículo solo es la punta del iceberg.

1 y 3 no requieren de más comentarios, pero es interesante analizar el segundo. Confirma mis descubrimientos en Venezuela: que las historias y rumores de abuso sexual o de situaciones de naturaleza sexual dudosa (por ejemplo, entre profesores y alumnos) son relativamente comunes. Considerando que este es el caso, existen solo dos opciones: a) ignorar la situación o b) investigarla e instaurar medidas preventivas.

La evidencia en otros países, pero en particular el Reino Unido, sugiere que la posibilidad de que por lo menos algunas de estas historias y rumores sean ciertas es considerablemente alta. Es por eso que al observar a Venezuela y al Reino Unido juntos, como lo hizo Thompson, es importante. Los rumores han estado saliendo de las escuelas de música especializadas aquí en el Reino Unido desde hace décadas, y estaban siendo ignoradas y desestimadas hasta hace un par de años atrás, cuando el suicido del músico Frances Andrade y la posterior condena de Michael Brewer hizo que el problema salga a la luz. Cuando algunos periodistas y el musicólogo Ian Pace comenzaron a investigar, descubrieron que había humo porque había habido fuego – toda una hoguera de hecho. Además, el trabajo de Pace y de unos cuantos otros indican que aspectos estructurales e ideológicos de la educación de la música clásica podrían explicar porque suceden estas cosas.

Así que sería completamente irresponsable e inmoral ignorar los rumores sobre el Sistema como si fueran chismes insignificantes. La única respuesta que se puede justificar sería decir “no sabemos si esto es cierto o no, pero vamos a investigarlo y esclarecer la verdad”. Y si El Sistema no puede realizar una declaración pública similar a esta, entonces está manteniendo la “venerable” tradición de la música clásica de barrer el problema debajo de la alfombra y colocar la música por encima de los músicos. Cualquier persona que está remotamente preocupada por el bienestar de los niños venezolanos debería cuestionar las medidas de protección para los niños que actualmente existen y si están serán revisadas en vista de la cantidad de información preocupante que está circulando por allí.

Los hechos aún deben ser esclarecidos. Esto no es sorprendente: las acusaciones de abuso sexual son difíciles de verificar. Pero lo que queda claro es que mucha gente dentro o cercana a El Sistema tienen sus sospechas. Alguien tiene que tomar la iniciativa si es que algún día se va a hacer algo para descubrir si esas sospechas son justificadas. He tomado la iniciativa, y me han criticado muy fuertemente por ello. Eso no me molesta. Las únicas preguntas que me interesan son: ¿será investigada adecuadamente esta situación o no? ¿Se tomarán las medidas necesarias o no? Y no está en mis manos hacer ninguna de esas dos cosas. He puesto el balón en el campo, ahora depende de otras personas –más calificadas, cercanas a las fuentes- para que lo pongan en juego.

***

Mi debate con Eduardo Méndez, el director ejecutivo de El Sistema, fue transmitido hoy día en el programa de Tom Service, “Music Matters”, en la BBC Radio 3. (Uso la palabra debate, pero en realidad no se me permitió hablar directamente con él).

Estaba esperando sacarle punta a mi lápiz metafórico y analizar la entrevista después, pero esta última resultó ser una decepcionante sátira. Méndez parecía que no estaba muy preparado, considerando que es el Director Ejecutivo de una organización multinacional de alcance global. Me dio la impresión de que esta era la primera vez en la que se le hacían preguntas inquisitivas en un foro público (lo cual en sí mismo dice mucho sobre el manejo de El Sistema a nivel internacional en los últimos 7-8 años). Por supuesto, hubo muchos temas de mi libro que no fueron tocados, pero Service presionó a Méndez en las preguntas relacionadas a evidencias y estadísticas y encontró muy poca resistencia.

Méndez sugirió que la pregunta sobre si El Sistema había alcanzado sus objetivos o no era una “cuestión de gustos” o una “cuestión de opinión”, lo cual, como observó Service con celeridad, era una declaración muy extraña siendo que se trata de un programa que tiene 40 años y recibe grandes cantidades de dinero del gobierno. Cuando se le exigió que presente pruebas, respondió que muchos niños se habían convertido en músicos profesionales. Esta fue una respuesta desconcertante, ya que la insistencia oficial es que El Sistema no es un programa musical sino un programa social. También fue algo completamente banal – si se entrenan a miles de niños para que sean músicos de orquesta, es obvio que algunos de ellos se convertirán en músicos de orquesta profesionales. ¿Cómo es que este hecho es evidencia de un cambio social? Más adelante en la entrevista, Méndez tuvo que admitirlo: no existe evidencia estadística de un cambio social.

Estaba en tierra más firme en el tema de los números. Dijo que había 623.000 niños en el programa en 415 núcleos. Estos datos eran interesantes, ya que tan solo hace un poco más de dos meses publiqué en este blog que en ese entonces el sitio web de El Sistema hablaba de un total de 500.000 niños, y el número de núcleos era 371 o 404, dependiendo de qué página uno estaba mirando, pese al hecho de que solo 238 núcleos estaban listados. Al final de cuentas, parece que no estaba en tierra tan firme.

Según Méndez, el Presidente ha puesto como objetivo el contar con 1 millón de estudiantes en dos años. Algo me dice que vamos a estar escuchando mucho sobre esta cifra.

Service acorraló a Méndez con la tasa de deserción, y recibió la misma respuesta que otros han dado: simplemente no saben. Los datos que tanto repiten por ahí se refieren supuestamente al número de estudiantes que se registran al comienzo del año, pero como no saben cuántos abandonan, no saben cuántos hay actualmente en el programa. Que en un programa de educación voluntaria no se conozca la tasa de abandono es un problema muy grave.

Pese a la falta de evidencia de que El Sistema produzca algún resultado positivo, está siendo expandida a las escuelas, y mantiene su deseo de expandirse a cuantos países pueda alrededor del mundo.

El itinerante embajador de El Sistema, Marshall Marcus, se debió haber puesto un poco verde si es que escuchó la entrevista. Me ha estado regañando por no contar con datos cuantitativos. Como esta entrevista lo demostró ampliamente, el tomar esa posición es algo muy arriesgado para alguien que apoya a El Sistema.

***

Justo cuando estaba comenzando a pensar que la profesión periodística estaba comprendiendo el asunto (¡ya iban dos!), apareció el artículo de Mark Swed para el LA Times. Por completa coincidencia, esta opinión negativa vino de alguien a quien yo había criticado en el libro, aunque muy ligeramente. (Nota personal: no criticar a periodistas musicales por no haber realizado investigaciones adecuadas. Se vengarán, y con creces).

(Como un aparte, me pregunto si el hecho de que Thompson y Service comprendieron mi libro tiene algo que ver con el hecho de que ambos tienen doctorados en áreas relevantes).

En mi libro, escribí acerca mi sorpresa sobre como Swed había logrado llegar a conclusiones tan positivas sobre el programa que él mismo describió como un “aprendizaje sincronizado” en “ensayos diarios interminables” que “martillean” el mensaje de Abreu, y pese a admitir que “para Abreu, la promoción de la creatividad individual simplemente no es un objetivo”. Bueno, pareciera ser que ni esto ni el punto más general relacionado a los periodistas que no investigan como deben cayeron muy bien.

Siendo justos, sí le dio bastante espacio a mis argumentos, aunque sea para tratar de tirarlos al suelo. Pero la forma en que lo hace incluye distorsionar los fundamentos de dichos argumentos (ya sea en forma deliberada o porque no leyó en libro detenidamente, no estoy seguro). Caracterizó al libro de consistir completamente de mis gustos y disgustos personales, y por eso ignora (a) el testimonio de decenas de músicos y expertos venezolanos cuyas opiniones moldearon a las mías, y (b) el amplio número de fuentes académicas que sostienen mis argumentos (cualquiera pensaría que 18 páginas de bibliografía servirían de prueba, incluso si no llegó ver las copiosas referencias dentro del texto).

(Otro aparte: Oxford University Press me pidió que quite algunas de las referencias, porque dijeron que la cantidad de pruebas fehacientes de fuentes académicas que había incluido era exagerada. Así lo hice).

Por ejemplo:

“Baker no está cómodo con el estilo de enseñanza utilizado por El Sistema, el proceso de educación musical tradicional de ensayos interminables y aprendizaje por repetición”.

[Ah, sí, Baker y unos tres cuartos de los especialistas en educación musical del mundo, si utilizamos estimaciones conservadoras]

“Le molesta la noción de la orquesta como una institución patriarcal, en donde la esencia de la misma es la de obedecer los deseos del conductor”.

[Y sí, Baker y prácticamente cualquier persona que haya pensado en una orquesta por más de cinco minutos]

Y bueno, luego admite: “Hay problemas estructurales con El Sistema. Esto ha sido reconocido desde hace mucho tiempo”.

[No, no es así, y ese es el fondo de todo esto. Por favor, muéstreme en donde es que esto ha sido reconocido desde hace mucho tiempo y por quién. La realidad es que el programa ha sido promovido con bombos y platillos por sus seguidores y los periodistas].

Podría analizar a detalle el largo cuento de Swed sobre Dudamel y mostrar por qué es completamente irrelevante en relación a los puntos que yo toco en el libro, pero no me voy a molestar. Como expliqué claramente, mi libro es una etnografía de El Sistema en Venezuela; las travesuras que Dudamel haga en Beverly Hills me interesan muy poco a menos que sean de interés para los músicos en mi estudio (por eso toqué el tema de la historia del Hombre Rolex). Swed cree que debí haber pasado menos tiempo enfocándome en las voces de los marginados en Venezuela y más hablando sobre lo buen tipo que es Dudamel y todas las cosas que está haciendo en Los Ángeles. Ese es el trabajo de Swed, como periodista basado en LA, no el mío, como un etnógrafo basado en Venezuela. Dejaré a otros, mejor calificados que mí, evaluar las declaraciones de Swed que aseguran que el “Dude” (Dudamel) es “el conductor de orquesta más osado y arriesgado en la actualidad”.

“Está claro que Abreu no es un santo. Pero el acusarlo de promover un espectáculo vacío es una exagerada simplificación de los hechos”.

[Ok, ¡estamos hablando de una enorme cantidad de periodistas culturales, expertos y músicos venezolanos puestos en su lugar! Pareciera que Swed leyó el Capítulo 1 con un poco de prisa.]

“Sin lugar a dudas Abreu no es el único que ha utilizado jerigonza para obtener lo que necesita del gobierno. Además, está muy dispuesto a servir a quien se encuentre en el poder para lo que él considera es el bien común. Esto representa un cálculo moral más complejo de lo que Baker aborda”.

[¿Swed dedica un total de tres cortas oraciones al tema de la política y el poder, haciendo un comentario tremendamente superficial, y luego me dice a MÍ que lo he simplificado en forma exagerada en mi libro de 400 páginas?]

Sus argumentos son incluso más débiles cuando se refieren a mi metodología, sobre la cual simplemente se inventa una historia: “Una y otra vez solo fue contactado más que todo por ex miembros de El Sistema”. En ningún momento digo eso, por la simple razón que no es cierto. Por lo menos la mitad de mis fuentes fueron miembros actuales, y yo me puse en contacto con ellos. El resto de sus comentarios sobre mi metodología están igual de errados. Dice que yo “no estaba dispuesto a penetrar el secretismo de El Sistema” – esto viene de un periodista que no mostró señal alguna de haber sabido anteriormente de que existían secretos (el único que demostró saberlo fue Dan Wakin del NYT). “Como fuentes, Baker hace muy pocas distinciones entre reportes relevantes o antiguos, artículos académicos o incluso blogueros con dudosa reputación”. Eso es una total basura: aunque puede que haya un par de errores en un libro de 400 páginas (y digo “puede” porque no sé y no voy a revisar cada una de las citas para confirmar), en la gran mayoría de los casos, por lo menos, está perfectamente claro quién está siendo citado y de qué fecha es la citación. ¿Creen que OUP y tres evaluadores académicos hubieran permitido que el libro sea publicado si no tuviera referencias adecuadas?

Tal vez la línea más problemática es esta (que nos lleva al principio de esta entrada): “De que existan acusaciones de abuso sexual, por ejemplo, es perturbador. Pero nadie sabe lo que se esté haciendo al respecto”. ¿Por qué es que nadie sabe? ¿Por qué periodistas como Swed no han ido para allá para averiguarlo? ¿No se supone que eso es lo que hacen los periodistas – averiguar e investigar historias sin desvelar, en lugar de decorar aún más la ya sobre promocionada imagen de Dudamel?

***

Las conclusiones de esta semana: (1) mientras más alejados de El Sistema estén los periodistas, más están dispuestos a comprender mi libro, porque están menos comprometidos por la incapacidad de su profesión (o tal vez de ellos mismos) de captar el problema. (2) Tengo un montón de enemigos nuevos (lo último que necesitaba…).

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