Respuesta a las reseñas de Tunstall y del New York Times

20/12/2014

Dos reseñas más y un artículo sobre mi libro fueron publicados la semana pasada. El artículo del Times dio un buen y sólido pantallazo del libro, y los dos periodistas que lo escribieron claramente lo comprendieron, así que no hay mucho que decir al respecto (es necesario una suscripción para leerlo, así que, desafortunadamente, no puedo darles un enlace).

Así que me voy a enfocar en las dos reseñas: una es de James Oestreich para el New York Times, y la otra es de la importante defensora de El Sistema Tricia Tunstall para la revista Classical Music. Escribí una improvisada respuesta en línea a esta última, la cual aparece debajo del artículo, y estaré publicando una respuesta más considerada en la edición física de la revista a principios del año que viene, así que no hablaré mucho sobre esta reseña aquí. Pero me parece lógico hablar sobre las dos en esta misma entrada ya que tienen mucho en común: ninguno de los autores conoce mucho sobre Venezuela; a ninguno de los dos les gustó mi libro (aunque ninguno pudo encontrar nada sustancial que decir en su contra); y ninguno de ellos es académico, pese a que eso no evitó que cuestionen mi metodología.

La reseña de Oestreich es curiosa. Cuando la leí rápidamente por primera vez, pensé que era muy negativa. Cuando la leí nuevamente con más cuidado, me di cuenta que definitivamente es muy negativa – pero en tono más que en contenido. No cuestiona casi ninguno de los temas de fondo del libro, y se enfoca más bien en cuestiones de estilo y metodología. Sintió que el libro era opresivo y repetitivo – bueno, es una pena, pero no son temas de mucha importancia en una obra de escolaridad crítica, y otros lectores (académicos) han descrito al libro como fascinante. Pero salvo un par de excepciones, no disputa mis descubrimientos; es solo el tono de su reseña que da la impresión de lo opuesto.

Lean lo siguiente:

Los métodos del Sr. Baker son perturbadores también en otros aspectos, incluyendo lo que él llama la “anonimización de los informantes de la investigación”. El que otorgue anonimidad a las “decenas de músicos, funcionarios culturales y periodistas” que entrevistó en Venezuela, pese a ser desafortunado, es entendible, presuntamente para protegerlos y a sus carreras de las represalias instigadas por Abreu, una amenaza real a juzgar por la evidencia del Sr. Baker y otros. Pero expande esta anonimidad sin reparos para incluir, por ejemplo, “un educador musical norteamericano que observó a miembros de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar dirigiendo talleres en los Estados Unidos”.

Ahora, si quitamos el refunfuñón tono, veremos que acepta la necesidad de anonimizar a los informantes en Venezuela, incluso dice que las represalias de Abreu son “una amenaza real”. Así que pese al uso de la dramática palabra “perturbador”, su pequeña objeción es de hecho muy pequeña (y una que se puede explicar fácilmente: (a) la anonimización general de todas las fuentes es algo muy común en las ciencias sociales, en especial en estudios de la educación (b) la persona en cuestión trabajaba para un programa inspirado en El Sistema, así que sería poco ético de mi parte revelar su nombre junto a una crítica de la OSSB).

En lo que respecta a mi decisión de no entrevistar a Abreu, Oestrich dijo:

Un recurso de este tipo sin dudas hace más fácil la vida de un escritor, pero también plantea preguntas básicas de imparcialidad al negarle a una persona que es el objeto de serias acusaciones la oportunidad de defenderse. Por lo menos Baker debió haber aclarado con el Sr. Abreu la cuestión del timo piramidal cuyo colapso “fue atribuido a un pariente de Abreu”.
“No se presentaron cargos en contra del mismo Abreu, y no hay evidencia de que haya participado”, añade seguidamente el Sr. Baker, pero “se levantaron sospechas, y los rumores siguen circulando hasta el día de hoy”. Esto demuestra un pobre rigor académico o periodístico.

Es risible que Oestreich sugiera que debí haber entrado a la oficina de la figura cultural más poderosa de Venezuela, mientras aún me encontraba trabajando en mi investigación, y preguntarle: “bueno, hablemos sobre el escándalo financiero que rodea a tu familia. ¿Quién fue en realidad el responsable?” Según el periodista venezolano Rafael Rivero, y como lo detallo en mi libro, Abreu desató fuertísimas críticas y amenazas contra el exiliado director de teatro y crítico musical argentino Gustavo Tambascio por escribir una reseña negativa de un concierto. ¿Y supuestamente yo debí haber interrogado a Abreu sobre corrupción? Me hubiesen cerrado todas las puertas de El Sistema al día siguiente.

En realidad, mi decisión de no tratar de entrevistar a Abreu fue fácil, aunque no por las razones que Oestreich sugiere. Mi proyecto de investigación fue diseñado desde un principio para tener un enfoque desde la base de la pirámide de El Sistema, no desde la cúspide. Decenas de personas (como Tunstall) habían entrevistado a Abreu de manera oficial, y sus entrevistas están disponibles públicamente; nadie había entrevistado en forma sistemática a profesores y estudiantes comunes de manera extraoficial. Mi prioridad estaba clara.

Pero la pregunta de Oestreich sobre los rumores, las historias y las sospechas es interesante. ¿El referirse a rumores es sinónimo de “pobre rigor académico o periodístico”?

Para empezar, la información sobre el timo piramidal proviene de un artículo periodístico, publicado en Venezuela en una prestigiosa revista en 1994, como lo dejo muy en claro en mi libro. Si existe falta de rigor periodístico, la acusación debería hacerse al autor de dicho artículo y la revista en la que lo publicó, no a mí. Curiosamente, nunca se ha dado una acusación de este tipo.

En lo que respecta al método académico, este es un punto que toco (¡y en forma repetida!) en mi libro, así que es poco sincero por parte de Oestreich (y otros) el ignorarlo. Por ejemplo, en la introducción escribí:

No tenía como juzgar la veracidad de los rumores o la seriedad de las advertencias, pero me interesaba más el hecho de que los empleados de El Sistema creían que eran verosímiles. Ya sea que tengan fundamentos o no, éstas eran de conocimiento de muchas personas y preocupaban a los músicos venezolanos, quienes creían que el irritar a Abreu podría traer serias consecuencias. Es importante tomar en cuenta estas historias porque forman parte del sistema de creencias de El Sistema, y también porque tienen efectos reales sobre los músicos, induciendo comportamientos como el de la autocensura que hacen tan complicada la comprensión del programa.

Para un científico social, los rumores son algo interesante. Piensen en un ejemplo hipotético: si voy a estudiar una escuela y descubro que todos los profesores dicen en privado que el director está malversando fondos para su propio enriquecimiento, tendría tanto interés en lo que ellos creen como en saber si la historia es cierta o no (Para mí, la segunda pregunta sería una que trataría de responder un periodista investigativo o la policía). Me gustaría saber cómo funcionaba la escuela como una comunidad cuando ésta no confiaba en su líder. Para mí, y me atrevería a decir que para muchos académicos con un enfoque antropológico, las creencias son tan reales como cualquier otro elemento en esta historia. El escribir “el director es un corrupto” estaría mal; el escribir “los profesores creen que el director es corrupto” es la afirmación de un hecho significativo. Un libro sobre la escuela que no mencione este hecho daría una impresión falsa de la atmósfera dentro de la institución y la forma en la que funcionaba. Para un científico social, pienso yo, el ignorar los rumores prevalentes es lo que sería una mala práctica.

Como dice la reconocida antropóloga Anna Tsing:

“El estudiar fantasmas de manera etnográfica implica tomar muy en serio a las apariciones. Si el analista simplemente se hace la burla de la creencia en los fantasmas, el estudio tendrá muy poco valor. Hay varios otros pasos que se deben tomar: una descripción de las creencias en los fantasmas; una examinación de los efectos de las creencias en los fantasmas en la vida social, y, en el espíritu de tomar en serio a los informantes, prestar especial atención a las preguntas que los fantasmas plantean, como la presencia de la muerte y sus inquietantes recordatorios de las cosas que hemos perdido”.

En otras palabras, el rol del etnógrafo no es la de determinar si los fantasmas existen o no. Puede que él o ella esté más interesado(a) en lo que las personas creen que si estas creencias son “verdaderas”. Incluso si un científico viniera y probara que los fantasmas no existen, el antropólogo continuaría tomando estas creencias en serio.

Sin importar quien tenga la razón al final del día sobre las prácticas periodísticas – Rivero u Oestreich – mis métodos son poco relevantes desde un punto de vista académico.

Consideremos otro ejemplo; Oestreich está molesto porque “El Sr. Baker a veces pareciera dar el mismo peso probatorio a relatos anecdóticos y opiniones en blogs que el que le da a sus fuentes académicas”. El dar “peso probatorio” a una variedad de fuentes distintas es otra característica común de la investigación cualitativa. La clave no está en las fuentes mismas sino en cómo son utilizadas. Es claro que si un investigador utiliza solo la información de las redes sociales, por ejemplo, esto puede resultar problemático (aunque dependerá del proyecto en particular). Pero si el investigador utiliza una metodología estándar como la comparación de los datos con la información obtenida de otras fuentes (como la prensa escrita, entrevistas, y observaciones), corroborando los datos con los informantes y comparando estos datos con lo descubierto por otros estudios académicos, entonces esa información puede volverse muy valiosa y definitivamente merece recibir un “peso probatorio”.

Es interesante de que ninguno de los críticos que dicen desenmascarar la falta de rigor académico en mi trabajo son académicos. Todos son simpatizantes del programa o periodistas. Tunstall me acusa de errores académicos, siendo que su propio libro ni siquiera incluye referencias o una bibliografía.

Aquí hay algunas preguntas sobre las cuales reflexionar: ¿si mi metodología tiene un problema tan obvio, como es que Oxford University Press y sus tres revisores no se dieron cuenta? ¿Cómo es que los profesores Robert Fink y Lucy Green – personajes importantes en el ámbito internacional del estudio de la música – respaldaron el libro? ¿Cómo es que las dos respuestas más positivas en la prensa han venido de periodistas con doctorados?

Como espero haberlo demostrado, este es un problema ficticio, inventado por personas que en realidad no saben mucho sobre las normas académicas y simplemente están buscando una excusa para demostrar la incomodidad que mi libro les causa. Como no tienen evidencia alguna para refutar la mía, no pueden criticar el contenido; todo lo que les queda es atacar mi método, y este criticismo finalmente no es válido, ya que ambos críticos no están parados en tiera firme.

Como tiene que ser, mi libro está lleno de referencias académicas, y mis argumentos se basan en las obras de otros académicos. Esto es algo que críticos como Oestreich y Tunstall ignoran de manera muy convenientemente, buscando en cambio hacer que los temas que toco en el libro sean cuestiones simplemente de opinión. Oestreich es desdeñoso sobre la representación de la profesión orquestal en mi libro, descartándola como algo que “simplemente no reconocería”. Además, en las tres páginas en las que respondo más a fondo esta pregunta, cito ocho estudios académicos y tres descripciones de músicos que han sido publicadas. El estar en desacuerdo con estas once fuentes está bien – el mundo académico siempre está abierto a que sus ideas sean desafiadas – pero semejante cantidad de evidencia no puede ser descartada con desdén diciendo simplemente “no estoy de acuerdo”.

Tunstall hace algo muy similar diciendo: “Baker presenta el argumento de que la práctica orquestal no es un camino viable a la inclusión social. En respuesta de esta opinión, solo puedo invocar mi propia vívida experiencia en la participación en orquestas en Venezuela”. Las vívidas experiencias personales son muy buenas y potencialmente muy útiles si son utilizadas cuidadosamente junto a otras fuentes de información, pero no refuta un extenso argumento académico construido cuidadosamente que se nutre de montones de evidencia y obras intelectuales. La “inclusión social” es un concepto cargado de consideraciones abstractas e ideológicas, y por lo tanto no puede ser discutido de manera significativa basándonos simplemente en las cortas observaciones de un país extranjero cuyo idioma apenas podemos hablar.

Para finalizar, las mismas personas que me acusan de realizar declaraciones sin fundamentos no parecen tener ningún problema para inventarse motivaciones ocultas para mi estudio tan solo momentos más tarde. Ambos críticos utilizan la palabra “vendetta”, y aunque a Oestrich le cuesta admitirlo, no existe ni una sola prueba de tal cosa. Tunstall se refiere a mí diciendo que estoy “dominado por la única y decidida intención de causar el mayor daño posible a El Sistema”, lo cual es completamente ridículo – en especial cuando mi libro incluye una explicación detallada de su génesis y como comenzó desde un punto completamente opuesto: desde la excitante experiencia de escuchar a la Orquesta Simón Bolivar en el Proms 2007 y el deseo de entender mejor lo que consideraba era un milagro musical.

Esto me hace recuerdo un poco al debate sobre el cambio climático: no solo el rechazo de una investigación evaluada por pares reemplazada por experiencias personales, sino también a una teoría de la conspiración, por si fuera poco. Como todas las teorías de la conspiración, existe una explicación obvia, una que presento claramente en mi libro pero que es rechazada a favor de otra que es imaginaria y no cuenta con ningún fundamento lógico.

Así que volví adonde había empezado. Mi libro claramente molestó a Tunstall y Oestreich, pero en el caso de la primera porque refute una de sus preciadas creencias, y en el caso del segundo, porque lo dejé sintiéndose “un poco oprimido”. A fin de cuentas, tomaré eso como un voto de confianza.