Respuesta a la reseña de Jonathan Govias

10/12/2014

Jonathan Govias conoce más sobre El Sistema que cualquier otro comentarista de habla inglesa, y sus ideas son más valiosas y originales que las de cualquier otro profesional en el campo. Fue por eso que estaba ansioso por leer la reseña que escribió de mi libro. Para ser sincero, estoy un poco decepcionado – no está al nivel de sus obras más recientes. No es una reseña en el sentido académico de la palabra, ya que muchos de los temas principales del libro ni siquiera son mencionados y hace mucho hincapié en temas secundarios en los que tenemos pequeños desacuerdos; pero en fin, es una reseña en un blog, no la de una publicación, por lo que se justifica que tenga un enfoque más periodístico. Además, en su defensa, Jonathan ha tenido tres días para leer, digerir el libro y preparar una respuesta, lo cual no es nada fácil. Sus artículos más recientes sin lugar a dudas pasaron por un proceso de gestación mucho más largo. El resultado es que algunos de sus argumentos no están formulados tan claramente.

Respondiendo a las críticas más importantes:

“no logra identificar ninguna conexión positiva entre el éxito internacional del programa y su elección de medio y género”.

Por su puesto que la orquesta incrementó la comerciabilidad del programa a nivel internacional, pero (a) éste es un ejemplo de los cálculos en los que el fin justifica los medios que son tan característicos de El Sistema y que requieren de un escrutinio crítico mucho mayor, dados los problemas que presentan en un contexto educativo, y (b) ¿de qué sirve que sea exitoso a nivel internacional si no logra proveer la mejor educación posible en casa? ¿Cuál es el objetivo máximo del programa – educar a los niños comunes de Venezuela, o entretener a las audiencias de clase media de Europa y Norteamérica? Sostengo mi visión: la orquesta sinfónica, en su formato tradicional (como es el caso en Venezuela), es tal vez el vehículo musical menos efectivo para los tipos de transformación social que buscan los admiradores de El Sistema. El llenar el Royal Albert Hall no cambia nada en ese aspecto.

“pasa mucho tiempo condenando la naturaleza repetitiva y autoritaria de la enseñanza en Venezuela pero le dedica muy pocas páginas explicando porque la enseñanza ha evolucionado de esta manera”.

¿Ha evolucionado? ¿O es la misma pedagogía anticuada originada en Europa con la cual el programa comenzó en los años 1970? ¿Y por qué es así? La respuesta está escrita a lo largo de todo mi libro: es porque El Sistema es la magnificación de Abreu, un “traje hecho a la medida” como uno de sus ex empleados lo describió. Porque existe muy poca voluntad para cambiarlo. Porque el programa prácticamente no tiene ningún interés en la investigación en la educación musical o en las críticas a este tipo de pedagogía (e.g. su ausencia en el SIG del Sistema en ISME en Porto Alegre).

“la raíz del problema no es la visión venezolana sobre la educación musical, sino la de la tradición pedagógica de Europa occidental. Como las referencias de Baker lo demuestran ampliamente, esta última tiene suficientes problemas: ¿cómo se atreven los venezolanos a hacer lo que hemos estado haciendo por siglos?”

Si eso es lo que El Sistema y sus seguidores en todo el mundo dijeran que es lo que se está haciendo, entonces habría menos que criticar y discutir aquí. Si fuera un programa pequeño, con muy poco financiamiento, o incluso solo a nivel nacional, nuevamente, esto no tendría mucho de extraordinario, aunque creo que una educación de calidad inferior es una educación de calidad inferior, y el criticarla en un país pero no en otro es ser condescendiente. Pero El Sistema es un programa con una agenda internacional clara. Tiene todas las intenciones de expandirse en el exterior y Abreu ha indicado su deseo de estar presente en todos los países del planeta. Además, ha sido vendido al mundo como una revolución en el aprendizaje artístico. A estas alturas ya no es relevante decir “oh, pero no es peor que la anticuada tradición europea”. No hay lugar para la visión de que la educación de baja calidad está bien solo porque se trata de Venezuela. Así que no, la pregunta debería ser: ¿cómo es que ellos y sus embajadores en otros países se atreven a tratar de vender este carbón de evidente calidad inferior de vuelta Newcastle?

“Baker dedica una gran parte de un capítulo a temas de conducta sexual inapropiada dentro de El Sistema (capítulo 10) y en forma separada al concepto de ‘enseñanza de pares’ (p. 141) pero no logra identificar una potencial conexión entre los dos”.

Eso se debe a que pienso que es la manifestación menos problemática del problema. Estoy mucho más enfocado en los ejemplos en donde la diferencia de poder es mayor, y en donde el profesor tiene poder sobre la carrera del estudiante. Son los casos en los que los directores de los núcleos tienen relaciones sexuales con los alumnos lo que realmente me molesta, no las relaciones entre alumnos. Es la relación entre el sexo y el poder la que realmente necesita ser investigada.

“no reconoce el hecho de que el responder a alegaciones de abuso sexual continúa siendo una tarea extremadamente compleja y desafiante incluso para la sofisticada organización de $1,5 mil millones de dólares de la Universidad de Virginia en occidente. El nivel del desafío obviamente no ignora la responsabilidad, pero si una institución pública en los Estados Unidos tiene problemas con esta situación más allá de afirmar tener una política de “tolerancia cero”, una división cultural latinoamericana con una organización poco rígida probablemente nunca tendrá la posibilidad de formular una política al respecto que pueda ser ejecutada”.

El tener problemas con un desafío grande es una cosa, el no aceptar un problema o no hacer nada al respecto es otra. Al prácticamente aceptarla derrota por adelantado, Jonathan está muy cerca de justificar la inacción institucional en este caso. El Sistema tiene el poder y los fondos para instituir medidas de protección para los niños. Puede que sean imperfectas, puede que sea difícil, pero no veo ninguna justificación moral para no intentarlo solo “porque nunca funcionará”.

“Baker puede argumentar que su responsabilidad fue simplemente al ‘qué’, pero yo no estaría de acuerdo con esto a menos que se observe el ‘por qué’, la idea del ‘qué’ se vuelve simplista o sin sentido”.

¿Cómo? ¿Así que la corrupción es algo sin sentido a menos que identifiquemos un motivo?

“su simplificación de causa y efecto, su razonamiento incompleto, su falta de voluntad de explorar la complejidad”

Esto, diría yo, es precisamente lo que Jonathan hace al tomar todo lo que yo digo al pie de la letra y no lograr leer entre líneas. Él entiende el funcionamiento interno del programa venezolano hoy en día tan bien como cualquier otro no-venezolano, y mucho mejor que la mayoría. No obstante, esta reseña revela que su comprensión no es comparable al conocimiento más profundo y la percepción de 40 años de historia del programa y de sus principales actores, y por eso no puede unir los puntos en mi libro. No lo culpo por eso. Las únicas personas que conozco que pueden unir los puntos son músicos venezolanos y observadores culturales cuyo conocimiento de El Sistema excede en creces tanto el mío como el de Jonathan, y académicos que han observado por mucho tiempo y en detalle instituciones similares en otros países (personas como Ian Pace y Anna Bull, aunque hay muchos más). Pero pueden hacerlo – han leído mi libro y lo han comprendido. Las respuestas están allí, aunque no siempre sobre la superficie.

Por lo tanto, el comentario final de Jonathan sobre la verdad estando en algún lugar en el medio debe ser tomada con pinzas: la verdad de Jonathan debe estar allí, y la verdad de alguna otra persona debe estar en algún otro lugar, pero la verdad sobre lo que yo digo está donde digo que está. Su observación del balance y contrapeso al final es correcta en términos generales, pero eso no quiere decir que la verdad será encontrada en algún lugar en el medio; la verdad está en todos estos lugares. Lo que todos hagan con esto al formar sus propias opiniones es otro tema, y obviamente, las opiniones de muchas personas terminarán en algún lugar en el medio. Incluso si solo me encuentran a medio camino, esto sería un gran avance en relación a la situación actual.

Escribo todo esto como un gran admirador de Jonathan y su trabajo. Es una respuesta crítica a una reseña crítica, nada más. Pero creo que hay mucho más que discutir aquí que la reseña de Jonathan o mi respuesta pueden expresar.