Respuesta a la reseña de Hewett

24/11/14

La primera reseña de mi libro acaba de ser publicada en The Telegraph, escrita por Ivan Hewett. Pudo haber sido peor. He estado esperando una recepción no muy cálida por parte de los periodistas musicales de los Estados Unidos y el Reino Unido, ya que los he criticado por haber caído en la trampa de la propaganda de El Sistema de cabo a rabo. Y no pensé que la prensa conservadora tendría mucha simpatía por mi profunda crítica de El Sistema como un programa conservador disfrazado en ropas progresistas.

Hewett es lo suficientemente respetuoso como para resumir mis argumentos en un poco más de cuatro párrafos, por lo tanto no hay dudas que se me dio un espacio para expresarme. También pone sus cartas y las mías sobre la mesa: “Baker correctamente llama la atención a los periodistas (me incluyo) que se vieron seducidos muy fácilmente por la narrativa oficial”. Así que no hay ninguna motivación oculta aquí, y el utilizar la palabra “correctamente” me parece noble. Sus críticas, sin embargo, merecen una respuesta.

Me cita diciendo: “la música clásica tiene un potencial emancipador y un rol importante en la educación musical, siempre que sea enseñada de maneras ética y educativamente bien fundadas”, y luego pregunta: “ética y educativamente bien fundadas, ¿según el criterio de quién? Baker se opone a la disciplina y la repetición de El Sistema, pero la incómoda verdad es que la música clásica, y en particular la música orquestal, siempre ha dependido de estos dos aspectos”.

Como explico a lo largo del libro, me refiero a lo ético y educativamente bien fundado según el criterio de los investigadores musicales de todo el mundo.

Por supuesto que estoy consciente que la música clásica, en especial la música de orquesta, ha dependido por mucho tiempo de estas cosas. Acabo de publicar un artículo haciendo la conexión de El Sistema con programas de educación musical que se remontan al siglo 16. Pero el punto es que se supone que El Sistema es diferente. Hewett ha olvidado el eslogan de El Sistema que sus defensores defienden ad nauseum: no es un proyecto de música clásica, es un proyecto social. Y no es cualquier proyecto social, sino que es, según el eslogan de The Guardian, un “proyecto social revolucionario”. Si ese es el caso, entonces el decir “bueno, la música clásica siempre ha sido así” no una defensa del mismo – solo hace hincapié en mi argumento de que El Sistema no es más que un vino muy añejo en botellas nuevas.

Ha habido bastantes comentarios below the line en las últimas dos semanas que siguen el mismo estilo – palabras como “Baker no se da cuenta que la disciplina y el autoritarismo es/siempre ha sido la mejor manera de entrenar músicos clásicos/de orquesta”. Pero por supuesto que estoy consciente de esto. Pero si El Sistema dice ser un proyecto social, todas las consideraciones de la música tradicional no deberían encajar en él, a menos que dijera que la disciplina y el autoritarismo son la mejor forma de conseguir objetivos sociales.

“Al igual que muchos académicos de la música, Baker está avergonzado de las realidades históricas de la música clásica. Al parecer le gustaría limpiarla y hacer que se convierta en una algo agradable, resaltando los aspectos de la libertad y la creatividad. Pero gran parte del mundo tiene otra visión. La razón por la cual la música clásica está explotando en China es sin dudas porque ofrece un modelo vertical de cohesión social. Esto puede resultar desagradable para los académicos liberales de Occidente, pero desafortunadamente refleja algo muy real en la música clásica en sí”.

La verdad es que no entiendo el argumento de Hewett en estas líneas: ¿es que tenemos que olvidarnos de la creatividad y la libertad solo porque eso es lo que los chinos (supuestamente) hacen? Además, no veo por qué el hecho de que algo sea muy real en la música clásica – especialmente si es “desafortunado”, como Hewett lo admite – signifique que no deba ser criticado. Las desigualdades de género y los abusos sexuales también son muy reales en la música clásica. ¿Criticar estas situaciones también es ser un puntilloso liberal occidental? ¿Deberíamos simplemente aceptarlas?

De todas maneras, esto no es una cosa del “liberalismo occidental”. Participé en una enorme conferencia sobre la educación musical en Brasil en el verano, e investigadores de alrededor del mundo contribuyeron a este tipo de discusión. De hecho existe un debate más crítico en los círculos académicos en Brasil sobre las iniciativas del estilo de El Sistema del que hay en el Reino Unido.

“Otra cosa que le molesta a Baker es que la música clásica es una importación extranjera. ‘La devoción de enormes cantidades de recursos en Venezuela a una cultura musical implantada por el colonialismo no puede continuar siendo ignorada’, dice en otro momento de desaprobación. Una vez más es necesario preguntar – ¿quién lo dice? ¿Es esta una preocupación genuina de los venezolanos, o es que el Dr. Baker está trayendo su propio sentimiento de culpa pos-colonial al tema?”

Nuevamente, a Hewett parece costarle imaginar que una persona que no sea un académico liberal occidental tenga perspectivas críticas. ¿Es tan difícil concebir una crítica pos-colonial por parte de individuos pos-coloniales? Existen muchos ejemplos en mi libro, en particular en el capítulo 12.

“Mi impresión cuando visité un núcleo era que los niños disfrutaban tocando el Bizet tanto como el tocar arreglos de canciones populares venezolanas. Pero Baker tiene sus sospechas sobre este tipo de gozo, comparándolo con el placer de comer comida chatarra”.

Esta es una conflación y distorsión de dos puntos diferentes, uno cuyo significado ha sido alterado. Lo que en realidad escribí fue:

“el hecho de que los niños estén disfrutando lo que hacen no quiere decir que estén recibiendo una buena educación, de la misma manera que el disfrutar la comida rápida no la hace nutritiva. La Tercera Ola, un experimento educativo en una escuela de California, demostró que los niños disfrutaban estudiar en un ambiente fascista, pese a que pocos adultos considerarían a esto como una validación de estos métodos”.

Así que el tocar el Bizet no tiene nada que ver con comer comida chatarra.

Hewett añade:

“El momento más revelador en el libro de Baker se encuentra en esta oración en el principio: ‘El Sistema ha conseguido importantes logros, pero la pregunta se mantiene: ¿podría haber logrado más si hubiese adoptado una filosofía organizacional más inclusiva y vanguardista, y si no hubiese sido definida tan cuidadosamente por la personalidad y preferencias de Abreu?’ Lo que parece decir Baker es: si solo El Sistema hubiese nacido en una agradable democracia social como Dinamarca. Pero no. Nació en Venezuela”.

Esto está bien en sí mismo, pero ya no es 1975, y El Sistema está siendo imitado por docenas de países – incluyendo las agradables democracias sociales europeas – y ha declarado públicamente que planea expandirse a todos los países del mundo. En ese contexto el decir “sí, bueno, claro que El Sistema es autoritario y conservador, es antiguo y es venezolano” se convierte en una respuesta incluso más difícil de defender. Es considerado como un paradigma de la educación musical global, lo que quiere decir que debe ser comparado con las últimas ideas sobre la educación musical que provienen de las agradables democracias sociales – y esa comparación no le hace ningún favor.

Hewett concluye diciendo:

“Si la organización cambiar de dirección hacia una más liberal e ilustrada, solo puede hacerlo si los venezolanos (todos, no solo los ex-miembros descontentos de El Sistema) efectivamente quieren cambiar hacia esa dirección. El tratar de desear que la organización cambie desde el exterior no es más que colonialismo en diferentes ropas”.

Con la excepción de que expongo claramente que mi proyecto está impulsado por un año de entrevistas y conversaciones con venezolanos, la mayoría de ellos miembros de El Sistema (algo que el mismo Hewett reconoce líneas más abajo). Esto no es el desear desde el exterior que la organización cambie; es expresar las críticas y los deseos de venezolanos, muchos de los cuales son parte del programa, quienes no pueden hablar públicamente por su cuenta.

Aparte de eso, me gustó.

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