Respuesta a Carlos M. Añez

10/1/2015

Hasta ahora he logrado mantener mi propósito de Año Nuevo de no responder a comentarios de baja calidad en las redes sociales. Así que ahora voy a responder a una larga reseña de Carlos M. Añez porque ha despertado mi curiosidad.

Por lo que puedo ver, Añez no es un músico o un académico musical, sino que simplemente es un amante de la música clásica, así que por este lado se trata de una opinión amateur sobre una obra académica profesional. Pero al ser un venezolano con un doctorado de una universidad británica, combina su “visión local” de El Sistema con su habilidad para escribir y realizar un análisis crítico en inglés, lo que lo hace una persona interesante para incluirlo en el debate en el idioma inglés. También es digno de admirar que una persona que pueda combinar un intenso amor (aunque algo idealizado) por la música clásica en general y El Sistema en particular, con denuncias al proyecto de vanidad de Abreu-Dudamel-Gehry, describiendo al comportamiento de Abreu como tiránico, y un rechazo a los ideales sociales de El Sistema por ser “fraude populista” para obtener más subsidios.

Existen dos aspectos de esta reseña me llamaron mucho la atención: (1) el autor ha cambiado públicamente su opinión sobre mi trabajo; (2) pese a ser un firme defensor de El Sistema, dice ciertas cosas que son inmencionables en los círculos de El Sistema.

Cuando mi artículo fue publicado por primera vez en The Guardian, Añez escribió una feroz respuesta para la prensa venezolana. No obstante, ahora que ha leído mi libro, y aunque aún tiene muchas críticas, me felicita por haber hecho un “trabajo académico completo” y lo describe como un “libro importante” y “un útil estudio académico para investigaciones y acciones posteriores en Venezuela y en otros lugares”. Me siento intrigado por una persona que está dispuesta a leer un libro que desafía sus más arraigadas creencias y le hace cambiar de parecer.

Una de las objeciones (menos serias) de Añez es que exagero sobre situaciones que son bastante obvias. Pero estas cosas son obvias para él porque es venezolano. Mi libro está dirigido principalmente al mundo de habla inglesa, para personas con poco o ningún conocimiento sobre Venezuela, así que necesitan de todos los detalles.

¿Qué es lo que considera obvio? Bosteza metafóricamente al leer mi descripción de la colorida carrera de Abreu, ya que “cualquier venezolano bien informado conoce muy bien todas la cosas que ha presentado”. Le puedo asegurar que la información presentada no era muy conocida en el exterior, incluso para los supuestos expertos de El Sistema, y hubiese causado sorpresa a más de uno.

¿Qué más? La desorganización, la escasez, la mala distribución de recursos, los bajos salarios de los profesores y los retrasos en sus pagos, etcétera – en esencia, la disfuncionalidad institucional. Nuevamente, estoy seguro que nada de esto es obvio para cualquier persona cuyo conocimiento de El Sistema venga de periódicos y documentales de habla inglesa. Aquí, nos dicen que es una institución modelo. En cambio para Añez, es una típica organización venezolana – ni mejor ni peor que otras. Esto no representa un respaldo incondicional, e ignora lo crucial del asunto: se supone que El Sistema es mejor que otras instituciones, no solo en Venezuela, sino que en todo el mundo, y es un programa que rescata a los destituidos y los convierte en ciudadanos modelo.

Hablando de rescatar a los destituidos, esto es lo más revelador:

“La mitad del libro está dedicado a desmantelar la idea de Abreu de la acción social por la música sin reconocer que una declaración de este tipo era simplemente una estratagema indispensable de captación de fondos para que El Sistema continuara creciendo en tiempos chavistas. No había una filosofía, ni una teoría de enseñanza musical, ni un concepto de desarrollo social detrás del enfoque y posterior estrategia de Abreu. Fue simplemente movida política, al igual que la respuesta de Chávez. Baker está (gastando pólvora en zamurros) perdiendo su tiempo al demostrar que El Sistema no logró generar un impacto social significativo como para ‘incluir’ a los niños pobres. Por lo menos en Venezuela, esa no es la idea. Tal vez los argumentos de Baker sean útiles para abrir los ojos de las personas en otros países, pero nadie en Venezuela piensa que los niños pobres mejorarán sus vidas gracias a las acciones de El Sistema”.

Es importante resaltar que este párrafo fue escrito por un firme defensor de El Sistema. Vale la pena leerlo de nuevo.

Y tiene razón – es útil para abrir los ojos de la gente en otros países, porque en otros países la gente se ha creído la historia de la inclusión social. Es por eso que la han adoptado (por eso y porque parece darle nueva vida a la industria de la música clásica). No solo Añez no cree en esto, sino que dice que nadie en Venezuela lo cree. Su escepticismo es tal que me critica duramente por simplemente tocar el tema.

¿Por qué es entonces es que la gente en Venezuela apoya al sistema, pregunta Añez, si no creen la frase de la inclusión social? “Primero que nada, porque nos ha dado buena música clásica, europea y latinoamericana, música orquestal antigua y contemporánea que nos encanta y también porque ha incrementado la apreciación social de la música clásica en Venezuela y en otros lados del mundo”. Al reafirmar lo obvio, Añez demuestra en estas líneas, una vez más, que no ha estado leyendo el libreto oficial que dice que El Sistema definitivamente no es un programa de música clásica, sino más bien un programa social.

Algo que es tanto una fortaleza como una debilidad de la reseña de Añez es que no conoce muy bien como los europeos y los norteamericanos – mi principal grupo de lectores – ven a El Sistema. Es una fortaleza porque permite el tipo de ocasionales muestras de iluminación vistas líneas arriba. Pero es una debilidad porque no tiene muy claro lo que sabemos y lo que no sabemos (y por lo tanto necesitamos escuchar). Por ejemplo, escribe: “Supongo que tal vez debamos esperar por un segundo libro que esperemos pueda presentar los argumentos de otros observadores y miembros de la comunidad de El Sistema que están ausentes en esta ocasión”. Parece desconocer que hay un libro hagiográfico que fue publicado antes que el mío, Changing Lives de Tricia Tunstall. Esta importante laguna en su conocimiento es algo que le quita un poco de mérito a su reseña. Tampoco plantea la importante pregunta que sus argumentos plantean para las personas afuera de Venezuela: Si El Sistema realmente se trata de la diseminación de la música clásica y no de la inclusión social, ¿no es equivocada la entusiasta adopción del programa en partes del mundo en el que la música clásica ya está bien diseminada?

Definitivamente existen diferencias de opinión importantes entre Añez y yo, las cuales tienen sus raíces en nuestras posiciones ideológicas diferentes. Él no tiene problemas con el modelo de desarrollo de El Sistema desarrollo, su ideología capitalista, su enfoque de que esto es “lo normal”, su perpetuación de la desigualdad, sus “negocios turbios” entre profesores y estudiantes; yo los encuentro retrógrados y reprensibles dentro de un programa que ha sido vendido al mundo como un proyecto social con vientos de cambio revolucionario. Mi posición está respaldad por una gran cantidad de obras académicas; tal vez la de él también. Supongo que tendremos que aceptar nuestras diferencias sobre muchos de estos temas.

Desafortunadamente, existen algunos puntos que necesitan ser corregidos.

Es desafortunado que alguien de su nivel de educación participe en el popular deporte de tratar adivinar lo que realmente pienso y cuáles son mis intenciones (y, al igual que las demás personas, equivocarse al respecto). Claro que llegué a Venezuela luego de una larga educación y con mucha experiencia acumulada; pero el sistema crítico de mi libro fue desarrollado en gran medida en respuesta a lo que encontré en Venezuela, no fue un precursor. No existe una conspiración; la respuesta que doy en el libro es la verdadera respuesta. Me sorprende que alguien con credenciales científicas tan sólidas tenga que optar por este tipo de lectura mental de baja calidad.

Su crítica de mi metodología también es simplista: “El problema es que los investigadores etnográficos deben interactuar con miembros de la comunidad que están estudiando sin la discriminación de categorías pre-definidas o grupos. Parece que Baker solo tenía oídos para los críticos, escépticos, músicos desplazados y los adversarios políticos de Abreu y El Sistema”. Los músicos de Venezuela no se pasean con camisetas rojas si les gusta El Sistema y con camisetas azules si no les gusta. En muchas ocasiones, no sabía nada sobre lo que las personas que entrevistaba pensaban del programa, ya que casi nadie lo critica en público. Como dije en mi libro, algunas de las críticas más fuertes vinieron de personas que, públicamente, eran líderes del programa; por eso fue que quedé muy sorprendido de escuchar sus opiniones reales. Además, Añez parece no contemplar la posibilidad de que haya disfrutado participar y que también haya tenido fuertes críticas, o que las críticas hayan superado cuanto lo disfruté. Mi libro refleja mi experiencia y lo mezcla con la de todo tipo de venezolanos y puntos de vista, y el escuchar a extraordinarias críticas de El Sistema tanto de amigos como enemigos del programa.

No es el primero que trata de desestimar mi investigación con palabras como “habladurías”. Ya he escrito lo suficiente sobre este tema en otras entradas, así que no voy a volver a repetirlo aquí. Pero me parece interesante que alguien que dice ser amante de la música clásica y apoye su expansión en Venezuela pueda tan fácilmente restar importancia a las opiniones de los músicos de la que esta expansión ha dependido, o que pasaron años o décadas dentro de El Sistema. De igual manera, Añez trabajó muchos años en otras corporaciones venezolanas; ¿qué pensaría si diera una larga entrevista sobre sus experiencias como ingeniero civil, y un músico llegase y desestimara todo lo que dijo diciendo que son “habladurías”? (También me parece interesante que si un músico habla sobre una experiencia positiva, todos lo aplauden y se entusiasman sobre el poder de la música; si otro músico habla sobre una experiencia negativa, existe un coro que dice “¡Calumnias!¡Habladurías! ¿Dónde está la evidencia?”)

Finalmente, hay otra afirmación preocupante: “No parece entender el periodo histórico por el que está pasando Venezuela actualmente. No hay ni una sola oración que mencione la terrible destrucción que los últimos 15 años la dictadura chavista ha desatado en el país”.

Existen cientos, tal vez miles de espacios para debatir sobre política. Lo que no existe hoy en día es un espacio para un debate crítico y abierto sobre El Sistema. Estoy haciendo lo posible para abrir uno. Allí es donde mi conocimiento y habilidades son más útiles. No creo que el no entender a Venezuela tenga algo que ver con esto.

Hay otros puntos que podría tocar, pero en general estoy contento de que Añez haya analizado mi libro en lugar de taparse los oídos como otros defensores de El Sistema han preferido hacer. Espero ansioso ver como evoluciona su opinión sobre el tema de la Sala Dudamel – la cual lleva la auto-idolización del líder a otro nivel – y las consecuencias a largo plazo de los lazos entre Abreu y el presidente Maduro, que hoy en día están más estrechos que nunca.

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