¿Reseña o activismo? Kathryn Jourdan sobre “El Sistema”

18/7/2015

Luego de una serie de reseñas positivas de mi libro y muestras de aprobación hacia el mismo provenientes del mundo académico, finalmente llegó una reseña académica negativa – la cual, por casualidad, vino de parte de una miembro de Sistema Scotland. Puede que su condición de reseña sea debatible, ya que el objetivo de la autora no es el de juzgar al libro sobre sus propios méritos, sino el evaluarlo “en términos de cómo podría ayudarnos a reflexionar sobre nuestras propias prácticas en los programas de Big Noise en el Sistema Scotland y moldear a estos para el futuro”. Debido a que ese no es el principal enfoque del libro, no está claro por qué debiera ser juzgado desde esa perspectiva. En realidad, el texto representa una especie de género híbrido, la “reseña-activismo”, la cual pretende ser una reseña de un libro pero que en realidad dedica gran parte de su atención a promover los intereses personales del autor.

Kathryn Jourdan es una escritora bien educada e inteligente. No obstante, a diferencia de otros autores de reseñas de libro, quienes han llegado a conclusiones positivas sólidas sobre mi libro, ella escribe con sesgo, y esto hace que se vaya a la deriva. Las cosas comienzan a ponerse mal a partir de la segunda página, en donde se lee:

Baker juzga a El Sistema, y en particular las acciones de su fundador José Antonio Abreu, desde la cómoda perspectiva de alguien que vive en estructuras sociales altamente desarrolladas dentro de contextos democráticos y estables, y demuestra una pobre comprensión o simpatía hacia las desafiantes circunstancias políticas, económicas y sociales de Venezuela.

De hecho, como indica claramente mi libro, juzgo las acciones de Abreu desde la perspectiva de las decenas de venezolanos a quienes entrevisté para el libro, las de decenas más que he conocido o nos hemos escrito después y las de varios periodistas venezolanos. Si alguna vez tuve una lejana y cómoda perspectiva, fue antes de que comenzara a trabajar en Venezuela, cuando también miraba a Abreu como la figura Gandhiesca inventada por la prensa internacional, y no así como la controversial y compleja figura que realmente es.

En lo que respecta a mi pobre comprensión o simpatía por Venezuela, me parece que se trata de una acusación extraña viniendo de alguien cuya biografía no hace mención alguna de América Latina hacia alguien que ha pasado casi 20 años estudiando la región (incluyendo 7 años investigando sobre Venezuela), ha hecho tres visitas a Venezuela que duraron un total de 15 meses y está muy interiorizado en las redes sociales y profesionales de Venezuela. Yo diría que el haber hablado de manera diaria con venezolanos, haber seguido los acontecimientos en ese país tanto en la prensa tradicional como en las redes sociales y haber leído libros populares y escritos académicos durante años me permite tener una mayor comprensión y simpatía que la persona promedio. Mientras escribo estas palabras, mi casa está llena de venezolano. Discuto temas sobre la realidad social, política y económica de Venezuela en el desayuno, con venezolanos. Jourdan ha hecho una crítica indirecta con mucha confianza, pero ésta no tiene ningún fundamento.

De hecho, ¿Qué tanto sabe Jourdan sobre Venezuela? Se puede observar que está muy comprometida con Sistema Scotland, el cual es el principal tema de su artículo. ¿Pero que hay sobre Venezuela y su música y educación, los cuales son el tema principal de mi libro? Eso no está tan claro. Ha visitado Venezuela, ¿pero cuánto tiempo estuvo por allí? ¿Unos días? ¿Unas semanas? ¿Unos meses? ¿Habla español? ¿Hizo alguna investigación en el país? ¿Entrevistó a un variado y gran número de figuras con experiencia y conocimientos sobre El Sistema, tanto al interior de la organización como fuera de ella?

Efectivamente, Jourdan reconoce que no conoce mucho sobre El Sistema venezolano:

No estoy calificada para evaluar la validez de las afirmaciones de Baker sobre las estructuras dañinas o los abusos dentro del programa venezolano.

En otras palabras, no está calificada para evaluar el elemento central de mi libro. Luego menciona al “Escritor venezolano Carlos M. Añes” para sugerir que mis afirmaciones necesitan ser tratadas con escepticismo. Carlos M. Añez (no Añes) es en realidad un ingeniero retirado y un bloguero muy ocasional que vive en Italia. Tiene cosas interesantes que decir, y es un hombre razonable cuyo punto de vista cambió de manera sustancial luego de que yo respondiera públicamente a sus opiniones. Pero sus credenciales relevantes son ser venezolano y, bueno, que le gusta la música. No es un músico profesional o un educador musical; no es parte de El Sistema o ex miembro del programa; no es una autoridad reconocida sobre la cultura venezolana. Es un misterio el porqué es presentado como un “autor” y un testigo experto, comentando sobre el testimonio de decenas de actuales y ex músicos de El Sistema. Es una movida poco honesta por parte de Jourdan, quien sin duda asume que la mayoría de sus lectores no se molestarán en investigar quien es Añez realmente.

Aunque Jourdan no da muchos detalles sobre su viaje a Venezuela, sus comentarios me hacen recuerdo a la visión de turista de quienes visitan el país por pocos días y no investigan más allá de la superficie. Todo es simplemente igual a lo que se presenta en los documentales promocionales. Los aspectos que sí investiga, pareciera que no va muy lejos. Por ejemplo:

Baker critica las becas o estipendios que los jóvenes en las orquestas juveniles de los núcleos reciben en algunas ocasiones, pero el personal de El Sistema explica que estas están destinadas a hacer que los estudiantes tengan mayores oportunidades de asistir al conservatorio o a la universidad y al mismo tiempo sigan tocando con la orquesta.

El personal de El Sistema es muy bueno para dar lindas explicaciones a los visitantes extranjeros, pero como explico en el libro, el pasar más tiempo en Venezuela me permitió observar que los músicos venezolanos – incluyendo las mismas personas que los recibían – a menudo criticaban a los estipendios, a los cuales veían como elementos que estaban destruyendo el balance del mundo musical e incluso corrompiéndolo. Consideraban que era muy negativo que los estudiantes ganasen más dinero que sus profesores o sus padres. Además, me quedó claro que una importante barrera para que los estudiantes puedan estudiar en la universidad y al mismo tiempo ser parte de la orquesta había sido erigida por El Sistema mismo: los ensayos de cinco o seis días por semana obligaban a muchos estudiantes a abandonar la orquesta para no dejar de lado sus estudios (o viceversa). Todo esto es explicado en detalle en el libro, así que el enfoque de Jourdan sobre ello es una especie de etnografía reversa: un alejamiento de una imagen más compleja derivada de las voces de los participantes para acercarse a una narrativa oficial más simplista.

Existen algunas críticas que simplemente son muy poco rigurosas. Por ejemplo, Jourdan indica que

Baker no presenta evidencia alguna para respaldar su opinión de que las iniciativas inspiradas en El Sistema alrededor del mundo tiene un ‘enfoque marcadamente comercial’.

Esta no es mi opinión y yo nunca dije eso. Yo escribí: “El Sistema es un proyecto con un enfoque marcadamente comercial” (de hecho, Jourdan cita esta misma oración en la página anterior en su reseña). No hay ninguna mención de las iniciativas inspiradas en El Sistema alrededor del mundo ni en la cita ni en las oraciones que le rodean. Es difícil tomar en serio una crítica cuando es tan descuidada.

Jourdan está más acertada cuando la discusión trata sobre Sistema Scotland y sus evaluaciones, pero en esta surge una confusión incluso más grande, una vez más debido a una mala lectura o una malinterpretación. Aunque la crítica sobre la pregunta de la “fe” es difícil de desarmar, parece ser que se centra en la decisión de la autora de tomar la palabra “fe” en el sentido religioso, cuando en realidad yo la utilicé en el sentido de una visión. Esta malinterpretación es utilizada para tildar a mi simple afirmación de algo más retorcido, y de pronto se convierte en la prueba de que a mi libro le falta mayor rigor académico en su totalidad. Es muy extraordinario que Jourdan haga una acusación tan generalizada y condenatoria basándose tan solo en una palabra de un párrafo que en realidad es periférico y podría ser interpretado de dos formas diferentes, y del cual ella tomó el significado que yo no quería transmitir. Es la evidencia más endeble posible para una acusación tan seria y una buena señal de que su intención es la de desacreditar mi libro, y no así escribir una reseña sobre el mismo.

(Dicho esto, si hubiese querido utilizar la palabra fe en el sentido religioso, mi argumento aún sería válido. Tanto el programa venezolano como el escocés – liderados por personas profundamente religiosas o pos-religiosas – podrían ser analizados de manera efectiva como la sublimación de la religión en el arte. Ojalá se me hubiese ocurrido esto cuando escribí el texto original).

Jourdan agrega:

Todavía no encuentro donde es que Baker encontró la ‘racha de paternalismo y exclusión detrás las proclamaciones de inclusión social’ (p. 307) en el programa Big Noise de Sistema Scotland.

Si observara nuevamente el estudio de Allan et al, se daría cuenta que surgió una preocupación sobre la relación con otros actores que podrían tener algún interés en el proyecto, ya sean especialistas en educación musical o miembros de la comunidad local. Al organizar una reunión, los investigadores tuvieron “largas discusiones con Sistema Scotland sobre qué constituía un ‘depositario’. Sistema Scotland estaba muy interesado en utilizar la oportunidad para reunir solo a sus depositarios más inmediatos, para que así se pudieran enfocar específicamente en como apoyar al proyecto. Los investigadores, al no compartir este objetivo, prefirieron una definición más amplia de depositario que incluía a cualquier persona que se veía a sí mismo como alguien que tenía algún interés en el proyecto, como aquellos que eran parte del campo más amplio de la educación musical” (342). Entre las diversas tensiones que los investigadores observaron dentro del proyecto mismo estaba el “querer que la comunidad los ‘apoye’; pero al mismo tiempo querían mantener a los padres a cierta distancia, con un acceso controlado a la información y a la publicidad, hasta que el programa esté establecido” (344). Los investigadores notaron que había una “postura misionera” en la relación de Sistema Scotland con la comunidad local y resumieron las diferencias de opinión entre ellos y los líderes del programa como “planificación reflexiva contra planificación audaz; toma de decisiones de arriba hacia abajo contra la toma de decisiones desde las bases” (344). Sin lugar a dudas, la “racha de paternalismo y exclusión” es un pequeño resumen de una situación más compleja – desafortunadamente, los detalles tuvieron que someterse a las limitaciones de palabras – pero está lejos de ser una exageración el decir que las decisiones de arriba hacia abajo es paternalismo y el decir que el mantener alejados a los padres es exclusión.

¿Debería yo haber ido a Escocia a hacer una etnografía para poder escribir uno o dos párrafos de mi libro? No lo creo, en especial considerando que hacer una etnografía toma por lo menos varios meses. Me basé en un artículo publicado por varios autores (Allan et al.), una disertación de magister (Borchert), un capítulo no publicado (Logan), la evaluación oficial de Sistema Scotland y el detallado testimonio escrito de una persona muy perceptiva que había visitado Big Noise. Creo que es bastante para media página de texto. Sin dudas fue suficiente para darme cuenta que la imagen que Jourdan describe de Sistema Scotland solo cuenta una parte de la historia (la parte que un miembro de la junta directiva contaría). Trata a la evaluación de Sistema Scotland como un evangelio y no como un texto que debe ser examinado de manera crítica como cualquier otro. Espero que algún día el programa abra sus puertas a un estudio etnográfico como debe ser – por decir, un año de acceso sin restricciones – ya que estoy seguro que habría estudiantes de doctorado haciendo cola para realizarlo. Sin embargo, yo no sería uno de ellos, ya que mi especialidad es América Latina.

La sección central de la reseña es más útil y sutil, tal vez porque es allí en donde el conocimiento profesional y académico de Jourdan es más visible. Habla más sobre Escocia que de Venezuela, y por lo tanto, más sobre su trabajo que el mío, aunque sí había dejado esto en claro desde el principio. No obstante, en la tercera sección, regresa a territorio escabroso, es decir Venezuela.

En lo que respecta a su acercamiento al gobierno de Hugo Chávez, es fácil ser crítico desde la cómoda posición de una democracia madura, pero, ¿será que Baker ha analizado cuáles son las opciones de Abreu?

Una vez más, lo que Jourdan dice daría la impresión que mi punto de vista se formó mientras estaba sentado en un Starbucks en Londres, y no así a través de una etnografía en Venezuela y años de leer y dialogar con venezolanos. El estar conectado a Venezuela por tanto tiempo me ha permitido observar una creciente ola de descontento con Abreu y Dudamel y su acuerdo con el gobierno y con los simpatizantes extranjeros de El Sistema y la visión color de rosa que tienen de la situación desde una cómoda posición en una democracia madura. Los venezolanos astutos y bien informados saben que Abreu SIEMPRE ha llegado a acuerdos con quienes están en el poder y ha sido recompensado generosamente por ello.

Es la relación a largo plazo entre Big Noise y el participante a través de la cual puede llevarse a cabo el cambio social, a través de la cual se puede abrir un ‘espacio utópico’ (Jorgensen, 2004, p. 8, citado por Baker). Esta fue la impresión más importante que me dejó mi reciente viaje a Venezuela: una enseñanza compasiva y delicada por parte de profesores de educación especial, por ejemplo, que ponen en duda algunos de los servicios altamente profesionalizados que son comunes para nosotros en el Reino Unido. Tal vez el enfoque crítico y estructurado de Baker no tiene las herramientas para examinar este tipo de prácticas cara a cara – en donde se podría decir que yacen gran parte de los beneficios sociales de los programas inspirados por El Sistema – en los que una orientación ética casi improvisada por parte del educador debe responder de manera atenta y responsable al niño o joven delante de ellos.

Pero mi enfoque crítico y estructurado es solo la mitad de la historia. Como Jourdan muy bien sabe, también realicé exhaustivos trabajos de campo “cara a cara” en Venezuela, y hasta el momento tengo mucho más material que sus impresiones superficiales obtenidas en un viaje fugaz. Por supuesto que los profesores buenos producirán beneficios sociales, incluso en el peor de los contextos institucionales, pero esto no hace redundante la crítica institucional. Además, este es un programa construido sobre las bases de la disciplina, por lo que cualquier espacio utópico deberá ser extraído del “sueño militar de la sociedad” de Abreu (para usar las palabras de Foucault).

No obstante, Baker sigue cegado ante las prácticas éticas dentro del modelo orquestal que él mismo rechaza, las experiencias del día a día y las habilidades que se perfeccionan dentro de la orquesta: por ejemplo, la habilidad de ceder ante los demás, tocar con el sonido de otra persona, liderar gentilmente, contribuir firmemente al mismo tiempo que se muestra sensibilidad hacia los demás y se está alerta sobre ellos. Estos aspectos requieren de sensibilidad y un profundo sentido de trabajo en equipo, pero encajan mejor en un discurso ético que en el discurso liberador que pregona Baker. El rol del director también está siendo reinventado. Me sorprende el actuar del director con quien trabajo, el cual invita a los músicos al proceso para que juntos encuentren la forma de una obra musical durante la semana de ensayos y se resiste ante las expectativas de traer consigo una presentación herméticamente cerrada para que sea impuesta eficientemente desde el podio.

En este pasaje, sin indicarlo claramente, Jourdan pasa de las realidades en Venezuela a su experiencia en el Reino Unido. Yo sugeriría que es ella quien está cegada ante la primera por la segunda. Es hermoso que el rol del director esté siendo reinventado en el Reino Unido – pero no es el caso en Venezuela, de lo cual trata mi libro. Esta sección fluye suavemente a la conclusión, un himno de elogios de varias páginas para Sistema Scotland, el cual es su objetivo principal.

***

La autora apunta con un dedo acusador a mis vituperadas respuestas a las críticas que he recibido. Tiene razón: No soporto las críticas de mala calidad por parte de personas que no entienden a El Sistema, y no puedo soportar ver que problemas muy serios (p.ej. abuso sexual, corrupción, lesiones) sea ocultados. Mis respuestas han sido duras debido a que la calidad de las críticas en general ha sido muy pobre. No obstante, las críticas de buena calidad son fantásticas – me encantan. La reseña favorita de mi primer libro fue la más crítica del mismo, debido a que el autor era un experto de verdad y realmente había leído mi libro y lo analizó de igual manera. No puedo decir lo mismo sobre gran parte de los comentarios negativos sobre mi libro actual. Sin embargo, recientemente recibí una crítica de un importante académico latinoamericano que estuvo perfecta; no solo le agradecía por la misma, sino que ahora estamos planeando trabajar juntos. Recibiré con brazos abiertos cualquier crítica que me permita ver el tema o mi propio trabajo con nuevos ojos. Rechazaré cualquier crítica que sirva para ofuscar el tema en lugar de revelarlo y que esté motivada por un deseo por proteger los propios intereses del crítico en lugar de promover un entendimiento más profundo.

Sin duda, esta respuesta servirá como la primera prueba en mi contra cuando me juzguen por falta de cortesía. Que así sea. La esfera de El Sistema ya tiene cortesía en abundancia; lo que necesita es más honestidad y palabras claras. Muchas personas están ocultando información y opiniones detrás de un discurso políticamente conveniente, ya sea que estén motivadas por ambición o miedo. Si los lectores ignoran problemas fundamentales debido al tono en el que son reportados, entonces su interés en El Sistema no es serio.

En cierta forma, quisiera poder lidiar con las reseñas de mala calidad con gracia y humor y no así con rudeza. Persuadiría a más personas y me permitiría hacer más amigos. Pero no tengo esa habilidad, y de todas maneras, lo que he descubierto en Venezuela no es para nada gracioso. Podría responder con un simple “oh, una reseña negativa por parte de un admirador de El Sistema, que sorpresa… ¡siguiente!” pero creo en la promoción de un debate cuidadoso y debidamente informado sobre El Sistema y sus programas derivados alrededor del mundo, y eso requiere tomar las reseñas y respuestas en serio. Es por eso que (al igual que mis detractores) me enfoco en las reseñas negativas y prácticamente ignoro las positivas. Así es como el conocimiento avanza.