La gira europea de la OSSB

26/01/2015

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar dio dos conciertos en Londres este mes como parte de su gira europea por su 40º aniversario. Leí todas las reseñas locales que pude encontrar. Mientras que los periódicos venezolanos se enfocaron en la entusiasta respuesta del público, los críticos de música de Londres ofrecieron una perspectiva muy diferente. Un par de ellos se mostraron impresionados, pero la mayoría de las reseñas fueron variadas; el rating promedio fue de aproximadamente 3,5 – una caída significativa desde el debut de cinco estrellas de la orquesta en 2007.

Escribiendo para el Times, Richard Morrison resaltó que los conciertos – enfocados en las obras de Beethoven, Mahler y Wagner – no eran muy diferentes a lo que uno esperaría escuchar cualquier noche de la semana de una las cinco orquestas de Londres. Concluyo diciendo:

Que el elemento más placentero – las efervescentes Tres versiones sinfónicas de ritmo cruzado – haya sido además la única música latinoamericana del programa pareció ser un síntoma de una crisis existencial. La Simón Bolívar sacudió al mundo por ser irresistiblemente jovial, iconoclasta y venezolana. En el proceso de ‘crecer’ se ha vuelto igual que el resto. Y ya no parecen estar divirtiéndose.

Las reseñas en su conjunto, y la de Morrison en particular, plantean interesantes preguntas sobre la identidad y la dirección de El Sistema en su 40vo cumpleaños. ¿Resultó contraproducente para la Orquesta Simón Bolívar su explosivo debut en el Proms en 2007? ¿Qué dirección podría ahora tomar la orquesta luego de esta exitosísima muestra de ritmos latinos, músicos bailarines y sacos multicolor? Gran parte de esta exotización se hubiese desgastado, en especial para los músicos venezolanos, los cuales no todos están enamorados de la idea de tener que hacer monerías según sea necesario para satisfacer los deseos de las audiencias europeas. De todas maneras, dese ese entonces ha quedado claro que la orquesta desea por sobre todo ser tomada en serio en el exterior, por lo que ha elegido tomar un camino alternativo – el cual es, como indica Morrison, convertirse en una orquesta como cualquier otra. Lo que Londres presenció fue una buena pero no espectacular orquesta profesional compuesta principalmente de hombres de unos treinta y tantos, tocando obras maestras europeas para una audiencia principalmente europea. El mensaje implícito fue que los últimos 40 años han servido para aprender a tocar música europea al estilo europeo.

Aún está por verse si tendrá éxito – el consenso de los críticos londinenses parece indicar que están cerca, pero les falta camino por recorrer. Pero la idea (o la ilusión) de que la OSSB representa una transformación para la música clásica se ha esfumado. De hecho, las palabras de Abreu sugieren que esta nunca fue su intención:

Estaba profundamente frustrado porque vivía en un país que tenía solo una orquesta, en la cual 70% de los músicos eran extranjeros. Otros países como Argentina, Brasil o México habían alcanzado un alto nivel de desarrollo musical, en ese momento fue que nació la idea de organizar un sistema para tener por lo menos una gran orquesta nacida en Venezuela.

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¿Son la auto-parodia o la imitación las dos únicas opciones? ¿Cómo se supone que una orquesta latinoamericana pueda escaparse de esta camisa de fuerza doble?

Para responder a estas preguntas con otra: ¿por qué es que El Sistema pone tanto esfuerzo en impresionar a audiencias europeas y norteamericanas? El problema de identidad surge en gran parte debido al contexto. En Londres, la OSSB está compitiendo con varias otras orquestas profesionales, y por eso el tema de las similitudes y las diferencias se ha vuelto tan importante. Si, en cambio, se presentara en ciudades venezolanas – Barquisimeto, Valencia o Ciudad Guyana – dudo que haya alguien que se queje porque solo toquen Beethoven o Bernstein, ya que sería una rara oportunidad de ver a una enorme y emocionante orquesta al vivo.

Además de quedarse en casa y ofrecer esta riqueza cultural a las audiencias venezolanas (después de todo, este proyecto extremadamente caro está financiado por el gobierno de Venezuela), una tercera opción, un camino entre la parodia y la imitación, sería la de priorizar las obras de compositores locales y la promoción de un repertorio contemporáneo. La estrecha colaboración con los compositores ha sido un elemento fundamental de las orquestas juveniles en otros países como Australia y los Estados Unidos. Sobre el primero, David Pear escribió que “un importante elemento en la ‘inculturación’ de los músicos jóvenes en una orquesta juvenil es la exposición que tienen a su propia música nacional, y a la música de compositores vivos”. Cita a un director que sostiene que la música contemporánea “les provee no solo nuevas metas que alcanzar, sino que también ofrece contradicciones musicales más nuevas y emocionantes que resolver”. A los músicos jóvenes en Australia se les alienta a que cuestionen la música e incluso el compositor si aún está presente; el enfoque está en la aventura, el juego y la improvisación, con más responsabilidad recayendo sobre los artistas que en el repertorio orquestal convencional.

En otras palabras, existen muchas razones por la cual el enfocarse principalmente en la música contemporánea venezolana sería un importante paso hacia adelante para El Sistema. Les daría a los músicos jóvenes nuevos desafíos y ampliaría su aprendizaje; le daría una nueva vida a la atormentada profesión de la composición en Venezuela, la cual ha recibido muy poco de El Sistema en la mayoría de los últimos 40 años; y resolvería la “crisis existencial” que Morrison identificó, sin tener que simplemente regresar al modelo de “Mambo”.

Referencia

Pear, David. 2007. “Youth Orchestras and Repertoire: Towards an Australian Case Study.” Australasian Music Research 9: 79–93.