Investigando sobre El Sistema

[25/10/12] Parece que ha habido un aumento en el interés por investigar sobre El Sistema desde la última vez que publiqué un post con la aparición de nuevos grupos orientados a la investigación: el Grupo de Intereses Especiales de El Sistema en ISME y el subgrupo de investigación de El Sistema de Sistema Global en LinkedIn. Me encantaría poder decir de que mi última publicación jugó un pequeño papel en catalizar esta actividad, pero claramente no fue así, ya que con tan solo una excepción, la única reacción que provocó fue la de consternación porque en lugar de acoplarme tomé una posición crítica con lo que escribí.

Uno de mis inquietudes posteriores fue (y continúa siendo) de que existe una cierta resistencia al criticismo genuino entre miembros de la comunidad de El Sistema, por lo que me agradó ver a Richard Hallam publicar sus ideas en LinkedIn sobre la motivación de sus colegas para evaluar e investigar: “Si el propósito de su investigación es el de conseguir financiamiento para continuar con su buen trabajo entonces existe el peligro potencial de que no sean lo suficientemente exigentes con lo que están haciendo o que reporten solo los elementos positivos del caso”. Espero que estos nuevos grupos de investigación presten atención a las palabras de Richard. Parece haber una visión generalizada de que una investigación crítica representa una traición a los niños, cuando más bien el no realizar una investigación sería la verdadera traición.

El comentario de Richard me hizo recuerdo a una reseña sobre los estudios musicales y la transformación del conflicto (Music and Arts in Action, Vol 2, No 2, 2010), en la cual Arild Bergh y John Sloboda demostraron un saludable escepticismo del cual los que estudian El Sistema podrían aprender. Entre los problemas que identifican están que las opiniones de los participantes casi nunca son escuchadas (tienden a ser eclipsadas por las posiciones de aquellos que están a cargo); el rol de la música es a menudo exagerado a través de declaraciones generalizadas sobre el poder de la música; y problemas reales del balance de poder son ignorados o se les resta importancia. Según los autores, les conviene a todos el decir que hay éxito, lo cual es vital para obtener financiamiento, por lo que las evaluaciones normalmente son realizadas por los mismos organizadores del proyecto y se basan en anécdotas como pruebas. Lo que es positivo de este artículo es que los autores están dedicados personalmente en los procesos y los fenómenos que estudian – quieren que la música juegue un rol en la recuperación social – pero aun así, como investigadores, continúan creyendo en la importancia de contar con una actitud crítica.

Mi punto de vista es que el primer paso para realizar una investigación de tipo cualitativa es el observar lo que nos está mirando directamente a los ojos. Quiero tomar tres ejemplos del libro de Tricia Tunstall sobre el El Sistema, Changing Lives. La mayoría de las personas que han llegado a leer este blog hasta este punto probablemente conocen el libro de Tunstall y aprecian su enfoque animado, atractivo e involucrado con El Sistema. Pero hay momentos en que el libro suscitan grandes interrogantes y parecieran pedir a gritos un comentario más profundo.

Tunstall describe una visita a una clase en Venezuela: “Observamos [a la profesora] dirigir al grupo mientras tocan una escala de Re aplaudiendo un ritmo tan fuerte que no se puede resistir. Una y otra vez, tocan esa escala de Re… una, y otra, y otra vez”. Eventualmente se les permite a los niños pasar a tocar música de verdad – una obra de Corelli; pero “es ensayada de la misma manera en que se ensayó la escala de Re – frase por frase, una y otra, y otra vez. La profesora es tan dura como cualquier director de orquesta lo es cuando se trata de que sus entradas y salidas sean exactas, precisamente juntas”. Este tipo de aprendizaje autoritario y mecánico, con su “duro” profesor que “no puede ser resistido”, claramente tiene su inspiración en periodos antiguos de la historia de la música occidental. ¿Por qué existe tanta emoción por esta anticuada pedagogía que procede como si los movimientos progresistas en la educación musical desde los años 1970 no hubiesen tenido lugar? ¿Suena esta clase como un modelo para la educación musical en el siglo 21?

Esta anécdota es un ejemplo claro de disciplina y la sumisión a la autoridad, dos de las características fundamentales de El Sistema – pero que sin embargo han sido muy criticadas en la investigación sobre la educación musical en décadas recientes. Si queremos hacer investigación, ¿por qué no comenzar por las bases – la pedagogía – y comparémoslas con los estándares actuales de educación y justicia social?

Estas son las palabras de Alejandro Carreño, concertino del OSSB: “Todos quienes han estado en El Sistema entienden que la forma en la que se comportan en la orquesta es la forma perfecta de comportarse en la sociedad”. Es perfectamente entendible que un concertino diga algo así, pero ¿qué hay de los segundos violines? ¿La manera perfecta de comportarse en la sociedad es el mantener la boca cerrada, seguir a la persona delante de ellos y hacer lo que el jefe le diga que hagan? Quienes hacen este tipo de declaraciones utópicas sobre las orquestas de El Sistema por lo general parecen ser o directores (Abreu, Dudamel) o figuras importantes (Carreño), y probablemente no sea ninguna sorpresa de que sientan un entusiasmo extremo por un microcosmos social que les otorga un alto nivel de autoridad. Pero si estamos interesados en investigar temas importantes como la inclusión social, tal vez debamos escuchar con un poco más de atención a los segundos violines – o tal vez incluso a aquella persona que abandonó a El Sistema.

Se nos ha dicho una y otra vez que la colaboración es fundamental en las orquestas. Aun así, tenemos a David Ascanio, una importante figura de El Sistema, diciendo lo siguiente sobre sus experiencias en los primeros años en la orquesta nacional juvenil: “José Antonio [Abreu] estaba obsesionado con trabajar con la belleza pura del de sonido de la orquesta. En los ensayos, decía, ‘¡Quiero este sonido!’ Y ellos tocaban el mismo pasaje una y otra, y otra vez, tratando de llegar a lo que él quería, hasta que finalmente decía, ‘¡Eso es! ¡Ese es el sonido!’” La idea de que alguna otra persona aparte de Abreu pudiera opinar sobre el sonido de la orquesta es algo que a nadie le pasa por la cabeza. En la mayoría de los casos en la orquesta, como en éste, la “colaboración” parece ser simplemente un eufemismo para la sumisión ante la autoridad de alguien más y trabajar para conseguir su objetivo.

Escogí ejemplos del libro de Tunstall precisamente porque es muy conocido entre aquellos que apoyan a El Sistema. Esta no es información sacada de una distante esquina de Venezuela, sino que son ejemplos que no han estado mirando a los ojos desde hace ya un buen tiempo. Si no podemos analizar estos casos adecuadamente, si no podemos generar cuestionamientos urgentes sobre la fuente de la que todo el entusiasmo y la actividad relacionada a El Sistema proviene, ¿entonces qué esperanza tenemos de llevar a cabo una investigación significativa sobre temas más complejos?

Ayer, mientras estaba preparando esta entrada, me acordé bastante de la frase “el traje nuevo del emperador”, una frase que había escuchado de un par de músicos importantes de Venezuela, y luego vi a Jonathan Govias repetirla en su propio blog, aunque desde un ángulo muy diferente. El punto de vista de mi interlocutor fue que había problemas importantes con El Sistema que nunca serán aceptados públicamente pese a que son claramente visibles. Mi adaptación de esta frase es que si no podemos reconocer estos problemas, no llegaremos muy lejos con las investigaciones.