Introducción a la conferencia “El Sistema y las Alternativas”

29/5/2015

Esta es una versión editada de mi intervención inicial en la inauguración de la conferencia “El Sistema y las alternativas: Acción social a través de la música desde un punto de vista crítico”, llevada a cabo el 24 y 25 de abril en el Senate House de la Universidad de Londres

Esta es una ocasión histórica y simbólica: esta es la primera conferencia dedicada a la reflexión crítica sobre El Sistema. Es muy revelador que hayan pasado 40 años para que un evento como este se realice; que esté teniendo lugar fuera de Venezuela y que ningún representante del programa esté aquí presente. El Sistema no acepta el debate crítico. Sus valores son extremadamente pragmáticos: su lema es “tocar y luchar”. La práctica del mismo se basa en los aforismos tan brillantemente construidos por su fundador y no así en la consulta y el diálogo. No obstante, la educación y la justicia social son objetivos que sólo son posibles de conseguir a través de la discusión y el pensamiento crítico, así que si El Sistema no hace ningún contacto con el mundo académico, nosotros lo iniciaremos por él.

Además, ya es hora de que la comunidad académica responda a la mítica historia que es diseminada por la prensa. El discurso público sobre El Sistema está dominado por periodistas con conocimiento limitado, y que en algunos casos tienen un interés personal en ofuscar la verdad. No podemos confiar en que los creadores del mito lo desmitifiquen, así que esta tarea es nuestra responsabilidad. Necesitamos convertirnos en “sistemólogos” en búsqueda de la verdad detrás de la fachada de RRPP. No obstante, esto no es con el fin de ensalzar las obras académicas por encima de las periodísticas. Expresiones simplistas de efusión en la prensa han sido utilizadas para sustentar publicaciones académicas igualmente desinformadas. La esfera de El Sistema en su conjunto sufre de una pobreza intelectual: la propaganda es tomada como evidencia; los problemas son barridos bajo la alfombra en lugar de ser investigados; las argumentaciones son ignoradas en lugar de ser contestadas. Existen excepciones, tanto en las esferas académica como periodísticas, pero no muchas.

Por ejemplo, existe la tendencia de considerar a la música como un recurso milagroso. Según la mitología de El Sistema, una vez que la música toca tu vida, dejas de ser pobre. Un enfoque más riguroso sería el considerarla como un recurso ambivalente. Esta es una idea a la que Anna Bull se adhiere en su PhD sobre las orquestas y coros juveniles, pero tiene profundas raíces históricas, como Belfiore y Bennett analizan en su libro The Social Impact of the Arts: An Intellectual History. Durante la mayor parte de la historia de la civilización occidental, la música y, más generalmente, las artes han sido vistas de manera ambivalente; existen tradiciones positivas como negativas, las cuales tienen más de 2500 años. La tradición negativa ve a las artes como una fuente de corrupción y distracción, y considera que tiene efectos potencialmente negativos sobre los individuos y la sociedad. Sin embargo, la ambivalencia ha sido desplazada casi por completo por la tradición positiva desde los años 1980, a medida que la necesidad de justificar los subsidios a las artes en términos de los beneficios económicos y sociales que produce aumentó de manera dramática. El invocar la tradición negativa hoy en día es casi una herejía. No obstante, sus 2500 años de historia nos hacen recuerdo que la música no es un bien incondicional y que los proyectos educativos y/o de desarrollo centrados en la música no son necesariamente o del todo beneficiosos. De hecho, la educación musical ha sido utilizada como una forma de control social durante por lo menos los últimos 500 años. Quienes abogan por la música a menudo afirman que los beneficios extra-musicales de los programas musicales son “obvios”, pero, y si esta palabra no fuese lo suficientemente sospechosa, este tipo de afirmaciones tienen muy pocos fundamentos históricos.

Esta conferencia es una invitación a pensar más profundamente sobre los tipos de acción social – tanto positivos como negativos – asociados con la música. También es una invitación a considerar las prioridades y también la retórica. El Sistema fue creado como intento para fortalecer la profesión de la música clásica en Venezuela. Hoy en día, se dice que es principalmente un proyecto social. ¿En qué momento ocurrió este cambio, o en qué nivel? ¿Cuáles son las implicaciones de priorizar lo social? Según argumenta John Sloboda en un ensayo que será publicado dentro de poco, si la justicia social es nuestro principal objetivo, entonces tenemos que estar dispuestos a abandonar la música del todo. Si el principal objetivo es el combatir la violencia y la pobreza, el uso de la música solo se puede justificar con pruebas que indiquen que es más efectivo que otras iniciativas directas en contra de la pobreza y el crimen, y mejor que otras intervenciones educativas y culturales. Si no estamos dispuestos a tolerar el abandonar a la música, entonces nuestros objetivos son principalmente musicales. Y si no estamos dispuestos a abandonar la música clásica, entonces nuestro objetivo principal es la perpetuación de un estilo de música en particular. No existe nada de malo con priorizar a la música – pero deberíamos ser honestos al respecto y en relación las estrategias retóricas que hoy en día lo ocultan.

La honestidad y la receptividad son un problema serio en la esfera de El Sistema. En casi 20 años en el mundo académico, incluyendo un largo periodo de tiempo en el que estuve estudiando música políticamente sensible en Cuba, nunca me había encontrado con este tipo de secretismo, evasión, distorsión y un actuar tan calculador. Nadie está contando toda la historia y los silencios nos dicen tanto como las afirmaciones de El Sistema. De hecho, algunas voces importantes en el ámbito global están más interesadas en silenciar que en debatir. Después de siete años de haber estudiado a El Sistema, aún me sorprende que algo tan aparentemente inocuo como un programa de educación musical pueda restringir el libre flujo de ideas de esta manera. Tal vez no sea tan inocuo después de todo. Este miedo y ofuscación es al mismo tiempo un ejemplo de la brecha entre la imagen y la realidad de El Sistema y una causa de dicha brecha. Esta conferencia tiene como objetivo cerrar un poco esa brecha y relajar la autocensura, creando una plataforma pública fuera de la esfera de influencia de El Sistema y sus admiradores más fanáticos.

No obstante, la buena noticia es que sí existe bastante análisis crítico sobre este tema, aunque por lo general se realiza en privado. Muchos músicos venezolanos y observadores culturales tienen interesantes opiniones críticas sobre El Sistema, el problema es que a muy pocos se les ha preguntado sobre ellas, e incluso menos han hecho públicas sus opiniones. En la reciente conferencia Research in Music Education en el Reino Unido, académicos del ámbito de la educación musical recibieron el debate con brazos abiertos. En la discusión pública, un académico brasileño acusó apasionadamente a El Sistema de ser una continuación de siglos de colonización cultural, y un académico norteamericano habló sobre “refugiados de El Sistema” en los Estados Unidos que tienen miedo de hablar públicamente sobre sus experiencias. (De hecho, según pude descubrir, existen refugiados de El Sistema en todo el mundo). Es así que nuestra conferencia en realidad no se trata de crear un debate crítico, sino de destaparlo.

Los tres coordinadores – Owen Logan, Gustavo Borchert y mi persona – venimos de diferentes países y tenemos experiencias académicas y de vida distintas. No obstante, nos hemos reunido porque hemos llegado a albergar profundas preocupaciones sobre El Sistema de manera independiente. Junto a nuestro coordinador brasileño, Gustavo, nos acompañarán cinco académicos más de América Latina. Contrariamente a algunas afirmaciones, las críticas hacia El Sistema no son una proyección de las preocupaciones europeas sobre América Latina ni un caso del Norte Global hablando en nombre del Sur. De hecho, uno de nuestros presentadores, Emilio Mendoza, se ha inspirado en este evento para organizar uno similar en la Universidad Simón Bolívar en Caracas el 6 de mayo.

Esta conferencia no es sólo sobre El Sistema, sino también de las alternativas. En Chile surgieron importantes ideas una década antes de que el programa venezolano fuese creado, y luego fueron diseminadas por músicos chilenos. La primera orquesta de Abreu fue fundada, de hecho, por el director de conservatorio Ángel Sauce y surgió cinco años después de la creación de la Orquesta Experimental en el Conservatorio José Ángel Lamas, en donde Abreu había estudiado. Por otro lado, el eslogan “acción social a través de la música” parece haber sido tomado de una fundación brasileña a mediados de los años 1990. En otras palabras, el pensar en orquestas juveniles y la acción social a través de la música no nos lleva de inmediato a El Sistema.

Si nuestra conferencia examina a las alternativas existentes, también se basa en una búsqueda implícita de mejores alternativas para el futuro. Es por esto que una actitud crítica no se traduce en algo negativo o deprimente. Lo deprimente es ver a individuos que dicen estar interesados en la música y la justicia social ignorando argumentos sobre la injusticia social, encogiendo los hombres ante evidencia de abusos físicos, psicológicos y sexuales, al mismo tiempo que llenan de elogios a los poderosos, conservadores y corruptos.

La ambivalencia es una mentalidad constructiva. No podemos maximizar los efectos positivos de la música sin examinar su lado negativo. El riesgo proviene de la visión excesivamente idealizada del poder de la música. Por ejemplo, el sugerir (como lo hace Abreu) que “cuando se entrenan músicos se entrenan mejores ciudadanos” es limitar el potencial de la educación musical para la formación de ciudadanos, ya que absuelve a los educadores de cualquier tipo de responsabilidad más allá de la instrucción técnica. El pensamiento crítico también es liberador. Un ex jefe de fila de la orquesta Simón Bolívar, hoy en día un músico exitoso a nivel internacional, insistió en tener una larga conversación telefónica conmigo, no solo porque estaba totalmente de acuerdo con mi análisis de El Sistema, sino que también porque lo había “inspirado”. Fue a su conservatorio la semana siguiente y les dijo a sus alumnos, “vamos a hacer las cosas de manera distinta de ahora en adelante”. Algunos seguidores de El Sistema en Europa y América del Norte puede que no hayan captado la idea, pero este notable músico venezolano y graduado del programa entendió que bajo mi libro yacía una búsqueda por una mejor y más socialmente justa educación musical. Lo mismo podemos decir de esta conferencia.

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