Estudio del BID pone en duda los logros de El Sistema en temas de inclusión y transformación social

14/02/2017

(Una versión más larga de este artículo en inglés, con más discusiones y referencias, puede ser encontrada aquí).

Los resultados del primer estudio experimental oficial llevado a cabo por el Banco Interamericano de Desarrollo indican que:

  1. Los niños de El Sistema tienen tres veces menos probabilidad de ser pobres que todos los niños entre 6 y 14 años
  2. Sólo se observaron efectos positivos en 2 de las 26 variables estudiadas
  3. No se observó ningún efecto positivo, pero sí algunos efectos negativos, sobre las niñas
  4. Casi la mitad de los niños que fueron admitidos al programa no lograron terminar un año completo

Ha habido varios intentos de estudios cuantitativos sobre El Sistema, pero ninguno ha sido convincente. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el principal financiador no gubernamental del programa, se distanció de todos los demás estudios anteriores al comisionar el estudio más grande y exhaustivo hasta la fecha en 2011, con un costo de 1 millón de dólares. El primer reporte acaba de ser publicado en la revista académica Prevention Science – y no trae buenas noticias.

  1. Pobreza

Se estima que la tasa de pobreza entre los niños de El Sistema es de 16,7%, mientras que la tasa en los estados en los que viven es de 46,5%. En otras palabras, los niños de El Sistema tienen tres veces menos probabilidad de ser pobres que todos los niños entre 6 y 14 años que viven en los mismos estados.

Aún se necesita investigar más para confirmar que la muestra experimental es representativa de todos los aspirantes al programa, ya que la intención del estudio no era la de determinar la tasa de pobreza dentro de El Sistema. No obstante, este es el estudio más riguroso hasta la fecha, y casi 3000 niños de 16 núcleos en 5 estados constituyen una muestra amplia y significativa de los participantes de El Sistema. Estos son los mejores datos recogidos hasta ahora, por lo que las cifras relacionadas con la pobreza son altamente insinuantes.

Que los niños que provienen de hogares pobres estén mal representados en el estudio es un descubrimiento poco sorpresivo, considerando que el programa se nutre de participantes a través de un sistema de aplicaciones. No obstante, es difícil exagerar la importancia de este descubrimiento, el cual es presentado casi de pasada en el grueso del artículo. Plantea serias dudas sobre la pretensión central de El Sistema: de que se trata de un programa de inclusión social dirigido a los miembros más vulnerables de la sociedad.

El BID realiza una admisión importante y incómoda al afirmar que el estudio “resalta las dificultades de realizar intervenciones dirigidas a grupos vulnerables de niños en el contexto de un programa social voluntario.” Esto apunta a una falla de diseño básica en El Sistema, una falla que no debió haberle tomado al banco 18 años y 160 millones de dólares en préstamos para descubrirla. También pone en duda los 10 años de campañas y reportes de prensa internacionales que hablan sobre como El Sistema estaba “salvando a los pobres.”

  1. Efectos

El estudio midió 26 variables de resultados principales dentro de cuatro categorías: habilidades auto-regulatorias, comportamiento, habilidades y conexiones prosociales, y habilidades cognitivas. Solo se encontraron dos resultados significativos: en el auto-control reportado por los niños y en las dificultades comportamentales reportadas por los niños. No se encontraron efectos significativos en ninguna de las otras 24 variables; no se encontraron efectos en la muestra sobre las habilidades cognitivas ni sobre las habilidades y conexiones prosociales. A lo largo de la última década ha habido una larga serie de afirmaciones generalizadas sobre como El Sistema desarrolla una serie de valores y habilidades sociales, pero el estudio no apoya tales afirmaciones.

Los efectos positivos más significativos fueron encontrados entre los niños con madres menos educadas y los varones expuestos a la violencia. Esto sugiere que es posible que El Sistema sea una buena intervención para los niños más desfavorecidos. No obstante, el estudio también revela que El Sistema no está logrando llegar a este grupo de niños de manera efectiva, y que los costos podrían ser más significativos que los beneficios para niños menos desfavorecidos. Además, existe un problema potencial de generalización, dado el proceso de aplicación. Los niños que tienen madres menos educadas y que sus representantes están muy ocupados, abrumados, desinteresados o desorganizados como para aplicar puede que no les ayude de manera significativa el programa. Es posible que el apoyo de los padres sea un ingrediente clave para la generación de efectos positivos.*

  1. Género

El estudio encontró pocos efectos sobre las niñas y “efectos inesperadamente negativos sobre la empatía (entre las niñas expuestas a la violencia) y sobre la memoria operativa y el comportamiento prosocial (entre las niñas que no estaban expuestas a la violencia).” Estos resultados son significativos, considerando los problemas de género que han sido mencionados anteriormente en relación a los niveles más altos de El Sistema (el dominio masculino en las posiciones de liderazgo, los puestos de directores y la orquesta principal) al igual que en la institución en general (las alegaciones de acoso sexual y de relaciones entre profesores y estudiantes). El descubrimiento de que las experiencias para hombres y mujeres comienzan a ser distintas desde el primer año resalta la necesidad de investigar urgentemente los problemas de género dentro de El Sistema.

  1. Tasa de abandono

Nunca han existido cifras oficiales sobre la tasa de abandono de El Sistema, pero la evidencia cualitativa apuntaba a que existía un alto nivel de deserción. Según el estudio del BID, el 44% de los estudiantes que fueron aceptados no llegaron a completar dos semestres.

Resumen

La misión de El Sistema habla del “rescate pedagógico, ocupacional y ético de la infancia y la juventud” a través de un programa de “capacitación, prevención y recuperación de los grupos más vulnerables del país.” Según su visión, el programa se enfoca en el “desarrollo integral del ser humano,” y cultiva “valores trascendentales que inciden en la transformación de niño, el joven y el entorno familiar,” ofreciendo “una oportunidad para el desarrollo personal en lo intelectual, en lo espiritual, en lo social, y en lo profesional, rescatando al niño y al joven de una juventud vacía, desorientada y desviada.”

El estudio del BID plantea importantes preguntas sobre estas afirmaciones. Las estadísticas contradicen el supuesto enfoque en “los grupos más vulnerables del país.” El no haber encontrado efectos significativos en la mayoría de las categorías socavan las nociones de “transformación” o del “desarrollo integral del ser humano.” Y con resultados significativos observados solamente en el área de la disciplina, hay muy pocas señales de “valores transcendentales” o de “desarrollo personal en lo intelectual, en lo espiritual, en lo social, y en lo profesional.”

Por el contrario, el reporte confirma muchos de los argumentos presentados en mi libro El Sistema: Orquestando a la Juventud Venezolana (OUP, 2014): de que la disciplina es el principal valor de El Sistema; de que existen buenas razones para dudar de muchas de las otras aseveraciones sociales; de que el programa ofrece experiencias desiguales a hombres y mujeres; de que la tasa de abandono es alta; y de que el programa no está orientado a ni dominado por los pobres (de hecho, el reporte va incluso más allá que mi libro, el cual simplemente sugiere que el programa no está orientado a los pobres; el estudio indica que los niños de El Sistema puede que estén bien por encima de la media en lo que respecta a su estatus socio-económico). La significativa brecha entre la “teoría de cambio” de los investigadores y sus descubrimientos en el campo hace resaltar la brecha entre las creencias y las realidades, entre la teoría y la práctica, que yo expuse en mi libro.

Conclusión

La gran pregunta es qué es lo que sucederá después. Si el BID y El Sistema utilizan el reporte como base para un replanteamiento serio de múltiples aspectos del programa, desde la identificación y retención de estudiantes hasta el currículo y la pedagogía, entonces resultará ser una muy valiosa y sabia inversión de 1 millón de dólares. Si, en cambio, el BID le aplica un sesgo positivo y es ignorado por El Sistema, entonces será otro caso de dinero echado a la basura.

Las primeras señales no han sido alentadoras. El Sistema no es conocido por su adaptabilidad o su predisposición al cambio, y la publicación sobre el estudio en el blog del BID no menciona ninguno de los descubrimientos negativos o equívocos, solo los positivos, tergiversando además los resultados que hablan de los problemas de género. Da la impresión de que el estudio es un sello de aprobación para El Sistema, lo cual es lejos de la compleja realidad.

No resulta para nada sorprendente que el BID presente el reporte tan positivamente, considerando su grande inversión a largo plazo. Pero el no poder ni siquiera admitir la naturaleza problemática o decepcionante de sus descubrimientos no es una señal alentadora que demuestre que el banco se está enfocando en las lecciones que deben ser aprendidas de todo esto. Sin embargo, puede que detrás de la imagen positiva que está siendo proyectada, el BID tenga la mirada en sus $160 millones en préstamos, los resultados limitados que se han observado y la inexistencia de los centros regionales que ha financiado, y esté pensando que es hora de actuar.

——

* De hecho, esta conclusión está apoyada por una tesis reciente sobre el núcleo de Montalbán, en la cual los autores observaron lo siguiente en uno de sus focus group:

todas las madres coinciden en que una familia pobre no se puede mantener en El Sistema, que todos los niños que están estudiando ahí es porque de alguna manera tienen recursos económicos mínimos para mantenerse.

Todas coincidieron en que en El Sistema no hay gente pobre porque no podría mantener el ritmo de la rutina de gasto que eso genera, y que por el contrarios quienes hacen vida ahí es porque tienen un mínimo de recursos económicos que les permite costear traslados, comidas, arreglos de instrumento, reparaciones, uniformes, etc. Una de las madres sostuvo que sus gastos se incrementan porque su hijo toca instrumento de viento y en períodos de tiempo regulares debe comprar los filtros de la boquilla los cuales son “medianamente” costosos y eso debe salir de su bolsillo. Todas coinciden en que estudiar música es caro.

Porque esos niños no pueden, no pueden, ¿cómo va a poder? Ya como vamos hablando, si rompes la cuerda de un violín… si el sistema te diera el violín, pero al violín hay que comprarle la cuerda, hay que comprarle arco, eso corre por cuenta nuestra, pero una gente de bajos recursos como hace. (…) digamos que hay una familia de 5 muchachos que no pueden, aja, como hacen para las cañas del oboe que cuesta 80 bolívares cada caña te dura 1 semana, luego la semana que viene necesitas una caña nueva, entonces, 8 por 4 semanas= 320.

Algunas de las mamás sostienen que los gastos en mantenimiento y arreglo del instrumento, piezas del instrumento, transporte, uniformes, etc. corren por cuenta de la familia, una de ellas lo manifestó de forma muy sencilla: “si se te rompe una cuerda en algún concierto, ¿quién sale corriendo? La mamá.” Siendo esto así, las madres coinciden en que muchos niños desertan en el camino porque sus familias no tienen los recursos para mantenerlo aquí.

Muchos niños no continúan aquí por eso, porque de verdad esto es un sacrificio, tienes que tener unos padres que te ayuden. Porque no solamente es pagar el pasaje y venirte, que es bastante, porque por lo menos yo gasto en mi solamente 30bsf diarios, comprando a la niña tiquetes estudiantiles y Metrobús. Los instrumentos, aquí no dan instrumentos, todo se lo tienes que comprar tú, las cuerdas, las cañas, todo eso. Mira, tienes que venir con un uniforme a los conciertos entonces, tienes que comprarle el uniforme.

 

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