Dentro de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar

12/01/2015

En agosto de 2007 fui parte de la audiencia de miles de personas que llenaron el Royal Albert Music Hall para el electrizante debut en los Proms de Gustavo Dudamel y la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. “¿Acaso fue este el mejor Prom de todos los tiempos?” preguntó el editor de artes de The Telegraph. Luego de salir del salón impresionado y entusiasmado, decidí estudiar este fenómeno.

La semana anterior la orquesta regresó a Londres (ahora ya sin el título de Juvenil), pero por mucho que me encantó mi experiencia anterior, no volví para repetirla. Lo que he aprendido desde esa última vez me hubiese hecho disfrutarla menos.

Luego de realizar una investigación de un año en Venezuela, descubrí que la mayoría de los miembros de la orquesta no eran jóvenes de bajos recursos, pese a la creencia generalizada de lo contrario en el exterior, y tampoco se les estaba pagando más que a la mayoría de los músicos de orquesta profesional. Su estatus de nuevo rico hizo que el eslogan de El Sistema de “tocar y luchar” sea modificado a “tocar y cobrar”. Sin embargo, tenían pocos derechos, y sus durísimos e impredecibles programas de ensayos produjo cuchicheos que hablaban de explotación; el grupo recibió el apodo de la Orquesta Esclava de Venezuela. Las constantes giras en el exterior hicieron que sea más fácil ver tocar a la orquesta en Europa o América del Norte que en una ciudad provincial de Venezuela, planteando así la cuestión de para quién era en realidad. Con un repertorio base de grandes sinfonías europeas, la OSSB no parecía estar rompiendo ningún molde. Al mirar debajo de la brillante superficie, se podía observar que representaba más el pasado de la música clásica con una imagen más agradable que el futuro de la misma.

Esta semana tuve la oportunidad de entrevistar a otro de los músicos de la OSSB, justo antes de uno de los conciertos en Londres. Andrés ofreció un revelador vistazo a la fachada de RR.PP. de una de las orquestas más celebradas del mundo, una imagen que concuerda con muchas de mis anteriores entrevistas de miembros antiguos y actuales.

Dice que la orquesta está dividida y la atmósfera es opresiva, afirmando que está llena de abusos, discriminación, favoritismo y competición interna. Incluso si un miembro de la orquesta que fue entrevistado pública y oficialmente admitió: “Es como fútbol americano. Para poder estar en un equipo, tienes que tener una disciplina fuerte. Y el entrenador no dice ‘por favor,’ ‘gracias’”.

Cuando le pregunté a Andrés sobre la enseñanza de valores, dijo “los valores vienen de la casa”. Alega que El Sistema les enseña “anti-valores” a los niños, criándolos desde temprana edad en una “atmósfera hostil” en la cual “un director de orquesta te humilla en frente del resto por no poder tocar una sección estar desafinado. Esto hace que los niños tengan miedo de tocar por su cuenta y su autoestima caiga al ser objeto de burla en frente de sus amigos. Pero la OSSB lleva esto a otro nivel, y es por eso que muchos jóvenes músicos con frecuencia reciben permiso para ausentarse porque dicen estar ‘agotados’. Pero antes de llegar a ese punto, puede que les pase lo que le pasó a X, de quien se burlaron, fue golpeado, humillado y quien sabe que más por parte de sus compañeros, quienes siempre están buscando maneras para hacerlo sentirse mal y descargar toda la rabia que se han guardado por haber sido víctimas del mismo trato”.

Se podría decir que la OSSB ha estado llevando los aspectos negativos de la profesión orquestal al extremo, en lugar de representar el brillante ejemplo de la música clásica que la gente se imagina en el exterior. Las audiencias extranjeras creen que la orquesta rescata a jóvenes de la pobreza y el crimen. “Eso no es más que propaganda que publican en esos documentales que están llenos de mentiras. Sí, hay personas de todas las clases sociales, pero la propaganda en esas películas nos hacen ver ante el mundo como si todos hubiésemos sido ladrones o drogadictos antes de que El Sistema llegara para rescatarnos”. Más bien, pareciera ser que la orquesta no es la forma más efectiva para reformar el comportamiento: “Existe un grupo de músicos que son conocidos por ser un grupo de borrachos desorganizados e irresponsables”.

La democracia y la meritocracia resaltan por su ausencia. “Si le caes bien a Y tal vez puedas tratar de dar una opinión diferente, pero si no le caes bien entonces te vas a meter en problemas, eso es seguro”. Los músicos creen que su mundo es opaco y moralmente incuestionable, regido por influencias y enchufismo. “Hace años que vengo escuchando historias y anécdotas de personas que entran, y resulta que si eres pariente de alguien te meten en la orquesta. En el caso de las mujeres, se escucha mucho cosas como ‘la dejaron entrar porque le dio al jurado lo que él o ellos querían’”.

Un pesado pero desorganizado programa de ensayos, sujeto a constantes cambios de último minuto, hace que los músicos se vean atados a la orquesta y no puedan participar de muchas otras actividades. Muchos quedan tan cansados de las largas horas de ensayos y giras que no les quedan muchas ganas de participar en actividades que tienen el potencial de ser más gratificantes como la música de cámara. Están entrenados tan específicamente para ser músicos de orquesta que muchos no saben hacer otra cosa y no tienen mucho tiempo para aprender, así que por muy insatisfechos que estén, sus alternativas son limitadas.

La falta de flexibilidad y movilidad en la cúspide de El Sistema ha hecho que algunos músicos frustrados dejen Venezuela en búsqueda de mejores oportunidades. Pero “una vez que estos jóvenes dejan el país no tienen la opción de regresar a la orquesta porque son considerados enemigos de El Sistema y en inmediatamente la vida se les hace imposible”.

Andrés es escéptico sobre el matrimonio por conveniencia entre el fundador conservador de El Sistema, José Antonio Abreu, y los presidentes socialistas Chávez y Maduro. Entiende la lógica detrás del trato – mucho financiamiento a cambio de una imagen embellecida para el resto del mundo – pero tiene muy poco respeto por las dos partes, y, en particular, criticó duramente los lazos de Dudamel con importantes chavistas. Sin lugar a dudas, esta alianza ha molestado a gente en ambos lados del espectro político. Varios en la izquierda están consternados por las acciones de un gobierno que supuestamente está comprometido a la priorización de la cultura indígena, afro-venezolana y popular. Los críticos del gobierno, por su parte, acusan a Abreu y Dudamel de colaboracionismo y ser hoja de parra de un régimen opresivo, frecuentemente haciendo alusiones a Herbert von Karajan y los Nazis.

Ahora que la popularidad de maduro está en caída junto con los precios del petróleo y la economía venezolana, los estrechos lazos de El Sistema con el gobierno están siendo examinados cada vez más de cerca. Andrés predice que “El Sistema pasará a la historia como el movimiento social más grande de Venezuela, uno que creció con Chávez y murió con el Chavismo”.

Andrés es un pseudónimo.