Construyendo El Sistema

[24/11/12] El jueves, la Corporación Andina de Fomento (CAF), aprobó la segunda parte de un préstamo de $350 millones para la construcción de un nuevo centro de El Sistema, el Complejo de Acción Social por la Música Simón Bolívar. La construcción del mismo ya se ha iniciado al lado de las casi nuevas oficinas centrales de El Sistema en Caracas, el Centro de Acción Social por la Música (CASM), el cual fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y fue inaugurado nada más hace un par de años. Este enorme (y enormemente costoso) nuevo edificio será un testamento a la influencia política de José Antonio Abreu y su capacidad de persuadir a bancos de desarrollo y el gobierno venezolano que el entrenamiento pre-profesional en música orquestal europea es un modelo efectivo y culturalmente apropiado para el desarrollo social en América Latina. No obstante, al igual que muchos aspectos de El Sistema, también plantea importantes preguntas.

El primer problema está relacionado con la centralización. El director de la CAF proclamó: “es una gran contribución no solo para Caracas, sino para Venezuela. Esto va a ser algo de primera categoría”. Sin lugar a dudas, el nuevo complejo tendrá un impacto en las vidas de los músicos que viven fuera de Caracas, quienes tendrán que continuar viajando (en muchos casos toda la noche) para poder participar en las actividades allí. Pero es difícil ver como el gasto de 350 millones de dólares en un solo complejo en el centro de la capital, literalmente al lado de las que son, de lejos, las mejores instalaciones del país (el recientemente terminado Centro de Acción Social por la Música), no sea nada más que una decisión altamente centralizadora. Como las palabras del director de la CAF sugieren, el impacto en el resto del país probablemente sea sólo en términos de prestigio internacional sin mucho beneficio práctico.

La centralización es un problema antiguo en la esfera cultural venezolana. El BID ha estado urgiendo la descentralización de El Sistema desde su primera propuesta de crédito en 1997, y el principal objetivo de su segunda propuesta en 2007 fue la construcción de siete centros regionales, una idea que había sido mencionada por primera vez una década atrás. Así es como la idea de reforzar las regiones ha estado sobre la mesa por quince años, y pese a esto hay muy poca evidencia de que se haya avanzado sobre esto. El objetivo explícito del BID en 2007 era: “Cuatro Centros Regionales serán construidos para finales de 2010 y los siete Centros Regionales estarán operando con normalidad para el 2014”. Aunque mi información es muy parcial – e invitaría cualquier corrección o actualización – parece que en por lo menos tres de las siete ciudades regionales, las obras no han avanzado más allá de la puesta simbólica de la piedra angular.

El primer crédito de la CAF fue aprobado mucho más recientemente – en 2010. No obstante, la construcción del nuevo complejo en Caracas ya está bastante avanzada hoy en día. Si observamos la evidencia en lugar de la retórica, la descentralización no parece ser una prioridad muy importante.

La segunda pregunta se refiere al destino de estas enormes cantidades de dinero – por sobre todo, la infraestructura de un número pequeño de grandísimos e imponentes centros. Parte del crédito del BID fue utilizado en la importación de granito desde Panamá para el vestíbulo del CASM, mientras que el nuevo complejo contará con “condiciones acústicas excepcionales” según Abreu. Sin lugar a dudas, se podría argumentar que un programa socio-musical no debería tener que hacer sacrificios en cuestiones de calidad, aunque que tan grande será el impacto de un piso de granito o una acústica excepcional en el desarrollo social es un punto en tela de juicio.

Sobre el nuevo complejo, Abreu dijo: “Realmente será único en el mundo, porque hay conservatorios y escuelas de música en el mundo, pero no hay edificios que por sí mismos tengan la capacidad de educar, entrenar profesores, y cumplir un rol social de esta magnitud”. Vale la pena pensar sobre el tipo de función social que los edificios puedan tener. La idea de crear templos a la música clásica dignos de asombro no es nada nueva, y un aspecto de su función social es sin lugar a dudas inspirar sobrecogimiento, admiración y reverencia por las tradiciones culturales que representan y los individuos que las promueven. Que inspiren participación creativa, resignificación, y un desarrollo auto-dirigido en los usuarios es otra cosa.

Imaginemos un tipo de proyecto diferente. Uno en el cual, en lugar de crear un punto focal específico en el centro, los recursos hayan sido descentralizado y distribuidos hacia la periferia. Esto es lo que ha sucedido en Medellín, Colombia, una ciudad con problemas sociales considerables que está tomando medidas para revertir su suerte a través de un programa para crear “parques biblioteca”. Para evitarme el trabajo de inventar de nuevo la rueda, voy a citar ampliamente a un artículo de periódico sobre este proyecto – pero debo añadir que he ido a Medellín y visitado una de estas bibliotecas y me he sentado en una de estas clases.

Pabón es un docente en el Parque Biblioteca San Javier, el cual fue inaugurado en 2006 – uno de nueve “parques biblioteca”, una combinación de centros comunitarios y de servicios sociales, que actualmente se encuentra abiertos al público o están en construcción en los barrios pobres que rodean a Medellín, una ciudad con 3,5 millones de habitantes. Los residentes más pobres viven estos barrios ubicados en las laderas de montañas que fueron construidos en forma caótica e ilegal durante la masiva urbanización de los años 1960, 70 y 80.

Los parques biblioteca son algunos de los edificios más impresionantes de la ciudad desde el punto de vista arquitectónico. El parque biblioteca San Javier, diseñado por el arquitecto colombiano Javier Vera, esta acostado sobre una colina en el oeste de Medellín – cuatro bloques de concreto escalonados dispuestos verticalmente pero que también se expanden horizontalmente. En su interior, los bloques parecen gradas gigantes conectadas por escaleras amplias y rampas abiertas. Paneles de vidrio dividen al igual que conectan el interior en un flujo de aulas, laboratorios de computación y estudios.

En su interior, residentes de todas las edades se sientan frente a computadoras, practican pasos de ballet, toman clases de inglés. Nueve nuevas madres se sientan en un círculo en un aula y comparten consejos mientras una enfermera de profesión escucha y sirve de guía.

Hay dos cosas que para mí resaltan en esta descripción. Primero, la descentralización de arquitectura impresionante al corazón de los barrios. Claro que también existe una doble descentralización en este caso, ya que este proyecto estrella que ha ganado la atención internacional tiene lugar en una ciudad provincial, no en la capital Bogotá. En segundo lugar, la variedad de actividades que son llevadas a cabo en estos nuevos lugares, cuyos significados se mantienen fluidos.

En 2004, Sergio Fajardo se convirtió en el alcalde de Medellín. […] Destinó el 40 por ciento del presupuesto anual de educación de la ciudad de 900 millones de dólares, gran parte del cual estaba siendo utilizado por su proyecto estrella: los parques biblioteca. Eligió a San Javier para que sea el primer parque.

En otras palabras, el nuevo alcalde predicó con ejemplo, y destinó los fondos hacia donde más se necesitaban – los barrios.

Para obtener apoyo para este proyecto, Fajardo hizo campaña en San Javier. Llevó a niños en giras por sus barrios. Indicó que la ciudad pondría sus estructuras más hermosas en donde sus residentes más pobres vivían, que crearía santuarios en las colinas en los cuales podrían aprender, interactuar y relajarse. Invitó a los residentes a que se reúnan con arquitectos, académicos y desarrolladores. Los representantes de la comunidad dibujaron esbozos de ideas en rollos de papel blanco de carnicería. Ancianos y mujeres de veinte y tantos años les dijeron a los funcionarios gubernamentales que las áreas verdes alrededor del parque biblioteca debían ser más grandes, que se debían ofrecer noches de películas, que nada de esto funcionaría a menos que se construya un puente sobre la Calle 44, en donde los conductores nunca desaceleraban.

En contraste con los proyectos de construcción tiempos anteriores (de los cuales El Sistema ha heredado mucho), los parques biblioteca de Medellín fueron diseñados con el asesoramiento de las comunidades locales en lugar de que sean impuestos simplemente desde una oficina central.

El nuevo alcalde, Alonso Salazar, proclamó:

“El poder siempre es local, central, desde la comunidad. Esta fórmula es indispensable”.

Aunque estas palabras son algo contradictorias, el significado es claro: esto se trata de descentralizar, se trata de devolver el poder al nivel local.

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es su párrafo inicial:

Tres adolescentes hacen break-dance en el patio de un edificio gubernamental en Medellín, Colombia. Un parlante retumba con hip-hop – puro bajo contra las paredes de concreto. Una docena de adolescentes se sientan con las piernas cruzadas o se apoyan contra sus mochilas. Johana Pabón está parada cerca de la entrada del recibidor de vidrio mirando a los break-dancers con los brazos cruzados, su cadera hacia un costado y los ojos entrecerrados. No obstante, su ceñida sonrisa demuestra un orgullo singular. “Tienen este espacio”, dice. “Pueden utilizarlo cuando quieran”.

Este es un espacio que ha sido creado para que se le dé un significado, para que sea resignificado por sus usuarios. No es un lugar para ir y aprender una habilidad en particular dictada por alguien más, lo que quiere decir que si te ves impedido para realizar esa actividad (física o temperamentalmente), no tienes más opción que abandonarla. No es una escuela de música, pero aun así puede ser transformada en una por algunos de sus usuarios. El espacio es moldeado por sus beneficiarios, no por una visión paternalista desde el exterior que determina qué clase de actividad es la mejor para ellos.

Es cierto que El Sistema opera en algunos barrios, en especial en Caracas, pero las instalaciones que utiliza por lo general están en pésimas condiciones y en muchos pueblos y ciudades el núcleo de El Sistema está, de hecho, lejos de las áreas más pobres, por ejemplo, en las plazas principales. Pónganse a pensar simplemente si El Sistema hubiese tomado esos 350 millones de dólares y hubiese decidido dividirlo entre todos los núcleos existentes para el mejoramiento, reparación o simplemente la construcción de nuevos edificios (muchos de los núcleos utilizan instalaciones prestadas). Eso hubiese representado unos 1,5 millones de dólares por núcleo.

Una decisión de este tipo le hubiese demostrado al país que la vida cultural de cada comunidad es valorada de igual manera. Un complejo de 350 millones de dólares en Caracas, por otro lado, simplemente exacerbará el ya marcado flujo de talento hacia la capital – y es difícil ver como esto beneficiará a comunidades en el resto de Venezuela.

No cabe la menor duda de que el contexto de los parques biblioteca de Medellín es más complejo de lo que un artículo de periódico puede plasmar (como es el caso de El Sistema). Tampoco hay dudas de que existen problemas y críticas, como sucede en cualquier proyecto de gran magnitud. Pero creo que podemos ver claramente un tipo de filosofía muy diferente para el desarrollo urbano y social, y uno que es probablemente mucho más representativo del pensamiento progresivo del siglo 21 que el plantar otro gran templo de la cultura europea en el centro del mapa.