Construcción para un futuro incierto

13/12/2016

Tres noticias sobre Venezuela han captado mi atención en las últimas semanas. 1) El actual éxodo de venezolanos de su país – sobre todo los que están haciéndolo en barco, según indica el New York Times. 2) La caída del valor del Bolívar en un cincuenta por ciento con respecto al dólar en cuestión de una semana. 3) Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar tocando con cascos de seguridad en el nuevo centro de El Sistema a medio construir en el centro de Caracas.

La primera noticia es deprimente; la segunda es desconcertante; la tercera es (supuestamente) inspiradora. Sin embargo, ¿es posible sentirse inspirado por la tercera cuando se la pone al lado de las primeras dos?

La presentación en el edificio en construcción fue parte del trabajo de relaciones públicas de Dudamel durante su reciente visita a Caracas, junto con talleres realizados con niños directores, cuyas fotografías fueron diligentemente publicadas alrededor del mundo. Sólo un cínico pensaría que esto fue un intento de acallar los cada vez más fuertes rumores de su inminente salida, rumores que ya han sido publicados en la prensa. (Según su diario oficial, Dudamel tiene una gira más con la OSSB en marzo, y me sorprendería mucho que continúe a la cabeza de la orquesta como su director después de la misma).

Pero incluso alguien que no es cínico tiene que preguntarse: ¿qué es ese edificio a medio construir en donde tocó la orquesta? ¿Para quién está siendo construido y por qué? Como es de esperarse, la prensa venezolana parece estar operando como un departamento de publicidad de El Sistema (anunciando los grandes planes del programa) en lugar de realizar preguntas básicas sobre estos grandiosos planes. (Sí, sé que la prensa venezolana le tiene miedo a El Sistema, pero igual…). Así que yo voy a hacer algunas preguntas.

  1. ¿Por qué se está construyendo un centro tan caro – con un costo de cientos de millones de dólares – en el medio de una de las crisis económicas más dramáticas del mundo? Existe escasez de alimentos y medicina: ¿es realmente más infrastructura para la música clásica lo que más necesita el país en este momento? La edificación de este suntuoso templo en el medio de una ciudad que se está cayendo a pedazos simboliza tanto el poder del culto de El Sistema como la locura detrás del pensar que el entrenamiento orquestal resolverá profundos problemas sociales.
  2. ¿Por qué se está construyendo este nuevo centro al lado del flamante nuevo centro de El Sistema que fue inaugurado hace apenas pocos años atrás? De hecho, tres importantes edificios estarán uno al lado del otro en este mismo lugar cuando sean completados, con el tercero teniendo tres salones de concierto adicionales con capacidad para 2000, 1300 y 500 espectadores, respectivamente. No obstante, el edificio original ya cuenta con salones de conciertos: ¿por qué se necesitan nuevos salones? ¿Y qué tienen que ver todos estos salones con el nombre del complejo y su supuesto objetivo, el Centro de Acción Social por la Música?
  3. En las últimas dos décadas, consultores externos y el Banco Interamericano de Desarrollo han reconocido de manera consistente que la centralización es una de las debilidades de El Sistema y le han urgido descentralizar. Una importante condición del crédito del BID de 150 millones de dólares que fue otorgado al programa en 2007 fue la construcción de siete centros regionales a lo largo del país. ¿Dónde están esos centros? ¿Dónde se fue todo ese dinero? ¿Por qué es que el Sistema ha ignorado los llamados a su descentralización y ha, al contrario, profundizado su centralización en Caracas?
  4. Uno de los edificios nuevos en Caracas será un centro para el entrenamiento de profesores. Pero, ¿quiénes serán estos nuevos profesores y quién los entrenará? ¿Recuerdan la noticia sobre el éxodo venezolano en el New York Times? El Sistema no está exento de este proceso, y aunque las historias puede que sean menos dramáticas e incluso ni están siendo reportadas, el programa también está perdiendo empleados en todos sus niveles, poniendo sobre el tapete el futuro del programa. ¿Recuerdan la historia sobre el desplome del valor del Bolívar? El valor real de la mayoría de los sueldos de los músicos es bajo y está cayendo rápidamente ya que los salarios no están creciendo ni remotamente al mismo ritmo que la inflación. El personal del El Sistema que trabaja por hora ya estaba ganando por debajo del sueldo mínimo antes de que el Bolívar se desplomara. El ser profesor de música hoy en día no es una opción atractiva, por lo que resulta difícil imaginar como este edificio cumplirá con su supuesto propósito.

La decisión de invertir en un lujoso edificio en lugar de sus empleados es algo típico de nuestro tiempo – en mi país, las universidades están haciendo lo mismo. No obstante, debemos realizar esta crucial pregunta: específicamente, ¿quién querrá venir a entrenar como profesor de música en este fantástico y fantásticamente caro edificio nuevo si algunos de SUS profesores están escapando del país y otros están luchando por sobrevivir con solo unos centavos por hora y sin seguro médico? Esta es una situación que es muy poco probable que inspire a los jóvenes a convertirse en educadores musicales, y ningún número de salones de concierto de primera línea en el centro de Caracas cambiará esta realidad.

El Sistema, al igual que el gobierno al cual está tan estrechamente ligado, se encuentra en problemas y no está claro de donde saldrán los fondos para convertir a una carrera en educación musical clásica en una opción viable y atractiva para alguien más que unos cuantos individuos privilegiados en la cúspide de la pirámide. El nuevo complejo de El Sistema en Caracas parece ser un lujo caro e innecesario, y un símbolo de una distorsión dramática de las prioridades del programa. Este dinero pudo haber sido gastado de mucho mejor manera, incluso dentro de El Sistema mismo, y ni hablar en la sociedad en general: se pudo invertir en personal y en descentralización, en lugar de haberlo hecho en nuevo centro aún más un monumental en Caracas. A menos que la suerte de Venezuela cambie pronto, existe un alto riesgo de que este edificio se convierta en un elefante blanco. Así que discúlpenme si no me siento inspirado por el último ardid publicitario de Dudamel.