Censura y autocensura en la esfera de El Sistema

31/5/2015

Una de las dinámicas más preocupantes en la esfera de El Sistema es el deseo de censurar o restringir el libre flujo de ideas. Jonathan Govias abordó el tema de frente en una entrada reciente en su blog. Indicó que había recibido muchas críticas últimamente. ¿Cuál fue su crimen? El haber asistido a la reciente conferencia “El Sistema y las Alternativas” en Londres y haber presentado un ensayo allí. Eso fue todo. No fue el contenido del ensayo, sino el simple hecho de haber participado en la conferencia. En sus palabras: “Muchos de mis colegas en el sector de El Sistema ven mi participación como una traición a mis lealtades y valores, y como un respaldo total al libro [de Baker] y su actual investigación”.

Para nada, dijo Jonathan: “Fui para aprender algo, fui para escuchar y tomar en consideración voces distintas de las comunidades académica y científica – no solo distintas, sino que también disidentes, complementarias y alternativas. El escucharlas e incluirlas en la discusión es una parte integral de los procesos dialécticos y democráticos, en especial si son voces minoritarias”.

Admiro a Jonathan por decir esto, pero es extraordinario – y extraordinariamente revelador – que siquiera tenga que hacerlo. Sin embargo, tiene que decirlo, porque está operando en un campo en el cual la actividad intelectual ordinaria puede ser considerada como traición, y el urgir a las personas a no leer estudios académicos puede ser considerado como un acto positivo. Según dice, existe un “movimiento activo para censurar el libro de Baker”. Condena a este movimiento de manera categórica, y no porque esté de acuerdo con mi libro (sus críticas y mis respuestas han sido publicadas por escrito), sino porque está en desacuerdo con la censura.

Así es que tenemos un movimiento que supuestamente debería basarse en la conexión de la educación musical con la justicia social, pero que desea suprimir o castigar la actividad académica y el pensamiento crítico, y desalentar a las personas de leer el único estudio académico completo sobre el tema a la fecha. Un enfoque particularmente interesante es que en algunos casos, la censura no está dirigida solo a terceros, sino que a los censuradores mismos. Como Dr. Larry Scripp del New England Conservatory lo dijo recientemente en un breve reporte sobre mi libro: “Ahora pareciera como que los primeros en criticar el libro o estaban completamente empecinados a rechazar cualquier tipo de discusión crítica sobre las prácticas de El Sistema en Venezuela, o simplemente no leyeron el libro”. Me he llegado a dar cuenta que las últimas palabras no eran simplemente retórica. Un par de colegas se han encontrado con críticas de mi libro provenientes de personas que, al ser confrontadas, admitieron que en realidad no lo leyeron. Algunos se rehúsan a leerlo por sus principios (¿qué principios?). Es así que además de un impulso para censurar, también se puede observar un impulso para la autocensura, pero no en el sentido común de la palabra: más bien, esta forma de autocensura implica el no permitirse a uno mismo leer un libro debido a lo pernicioso que se considere sea su contenido.

Nada de esto da una buena imagen a la esfera internacional de El Sistema, como señala Jonathan. Hasta el momento, esta característica de El Sistema es muy poco conocida por el mundo exterior, gracias al pase libre que la mayoría de la prensa le ha dado, pero muchas personas se sentirían indignadas si estuvieran conscientes de él, ya que es reminiscente de figuras fascistas y fundamentalistas y no así de educadores de la justicia social y pensadores críticos.

“Estamos abiertos a las críticas”

No obstante, para cualquier persona que esté remotamente familiarizada con la realidad de El Sistema esta imagen no le sorprendería. A tal palo, tal astilla. La censura y la autocensura han sido muy comunes en Venezuela, como lo indiqué en mi libro. Cualquier persona que tenga relaciones frecuentes y honestas con los músicos clásicos venezolanos sabrá que poco de lo que se discute en privado llega a hacerse público. En Venezuela, ha habido muy poca necesidad de censurar las críticas académicas a El Sistema, ya que, en un clima de este tipo, casi ningún académico siquiera consideraría realizar este tipo de críticas. (Una de las cosas que me parecieron más interesantes al llegar a Venezuela fue lo poco interesados en El Sistema que estaban los investigadores profesionales de la música, ya que lo consideraban extraordinario solamente por su poder y tamaño.) No obstante, inspirado en la reciente conferencia en Londres sobre El Sistema, el Profesor Emilio Mendoza organizó un evento en su institución en Caracas, la Universidad Simón Bolívar. Esta fue la primera conferencia venezolana dedicada al pensamiento crítico sobre El Sistema, y no me sorprendería que fuera la última.

Según los reportes de tres personas que estuvieron presentes, el evento fue un circo. Los representantes de El Sistema se presentaron en grandes números, y luego procedieron a declarar que ese tipo de escrutinio crítico del programa no era necesario y que la universidad no debería celebrar un evento de este tipo; dieron discursos alabando a Abreu cada vez que se les otorgó la palabra; trataron de reprimir un ensayo crítico antes del final; e interrumpieron, insultaron, gritaron y se burlaron de quienes tuvieron la audacia de adoptar posiciones críticas. Parte de este comportamiento pareció ser más apropiado para las graderías de un estadio de fútbol que para una conferencia académica. Los críticos fueron acusados de ser rencorosos, celosos y chismosos; incluso fueron identificados como “el enemigo”. Se dijo que la conferencia tenía un sesgo en contra de El Sistema, pese al hecho de que había más ensayos a favor de El Sistema que críticas. Y así continuó: un inglés no tenía derecho a escribir sobre Venezuela; los críticos venezolanos y yo no teníamos idea sobre como investigar; los críticos venezolanos eran pagados por mí, etc. Una notable figura que estaba entre la audiencia incluso propuso que todos los presentes simplemente abandonaran la conferencia. La guinda sobre el pastel fue el grupo de niños de El Sistema que fue enviado para impresionarles a los participantes mientras salían una vez terminada la conferencia (sin el permiso de los organizadores de la conferencia o la universidad) – una muestra clásica de la presión emocional de El Sistema para culminar el día, ilustrando una de las herramientas más sutiles pero efectivas que el programa utiliza para circunvenir el pensamiento racional.

Una demostración más elocuente de la intolerancia hacia las ideas diferentes por parte de El Sistema sería difícil de imaginar. Cuando mi libro fue publicado, Eduardo Méndez (el director ejecutivo de El Sistema) dijo públicamente y ante la prensa que “estamos abiertos a las críticas”. Al igual que muchas declaraciones de El Sistema, tiene muy poca relación con la verdad y simplemente no resistiría al más mínimo examen riguroso. Mientras que la censura, la autocensura y la resistencia al pensamiento crítico sean tan prominentes, el discurso de El Sistema sobre la justicia social no son más que – en un sentido técnico el cual discutiré en mi próxima entrada – patrañas.