¿Aprendiendo de los Estados Unidos?

[06/01/13] Gracias a la entrada de Heath Marlow en Sistema Global, acabo de leer el excelente artículo de Nick Rabkin sobre los artistas educadores en Estados Unidos. Stanford Thompson continuó el hilo de discusión hablando sobre la escuela de música settlement en Filadelfia, y concluyó diciendo: “Lo que creo que El Sistema hace en este país es traer de vuelta esa esencia que prosperó hace MUCHO tiempo atrás. No hemos descubierto nada nuevo… solo nos hemos vuelto más conscientes al ver el ejemplo de Venezuela”. Si los programa de El Sistema en América del Norte están recapturando el espíritu de las escuelas musicales del movimiento settlement, entonces hay mucho que aplaudir. Sin embargo, la conexión que Thompson y Eric Booth hicieron de la tradición estadounidense con El Sistema venezolano me hizo pensar, y luego de leer el artículo original otra vez, encontré que había mucho más que separaba a los dos programas que lo que los conectaba.

Los primeros artistas educadores en los Estados Unidos fueron contratados para dirigir el programa de arte de Hull-House (1889), uno de los primeros servicios sociales y de reforma settlement fundados por Jane Addams en Chicago. Enseñaban música, teatro, cerámica, pintura y dibujo, y baile.

Esta es una impresionante variedad de actividades artísticas, mientras que una característica clave de El Sistema es que enfoca su atención, ni siquiera solo en la música, sino que en la interpretación de la misma dentro de un grupo en particular y dentro de un género específico – la orquesta sinfónica romántica. Estas son dos formas muy diferentes de pensar en la educación artística.

Según Rabkin,

El desarrollar talento profesional no era la misión de los settlements.

Lo mismo se dice con frecuencia sobre El Sistema, pero es una declaración algo extraña, dado que el tesoro más valioso de El Sistema es una orquesta profesional (OSSB); muchos de los jóvenes en el programa aspiran a tocar en el SBSO o una de las demás orquestas profesionales en Caracas; las orquestas juveniles regionales también pagan sueldos; y los estudiantes más prometedores regularmente son incorporados en las orquestas sinfónicas profesionales en las capitales estatales. El desarrollar talento local fue precisamente para lo que El Sistema fue creado originalmente, y algo que continúa haciendo hoy en día. El hecho de que no todos los estudiantes de El Sistema terminen siendo músicos profesionales no quiere decir que no esté proveyendo entrenamiento pre-profesional.

El estrecho enfoque de El Sistema está conectado íntimamente con su rol como un programa de entrenamiento pre-profesional. Qué diferente es la descripción de Rabkin de los artistas educadores en los Estados Unidos:

Además de enseñar habilidades específicas relacionadas a las artes, estos artistas educadores también cultivan las habilidades de los estudiantes para ser creativos, explicar sus pensamientos, trabajar en equipo en forma efectiva, construir teorías, realizar predicciones, crear analogías, resolver problemas complejos y evaluar su propio trabajo. Todas estas habilidades son necesarias para crear arte. También son comúnmente aceptadas como ‘habilidades del siglo 21’.

Es difícil encontrar la cultivación de estas “habilidades del siglo 21” en el programa venezolano, enfocado como es en lograr que niños toquen partes orquestales difíciles a la edad más temprana posible. Un programa de educación musical que desarrolle estas habilidades sería maravilloso, pero un proyecto tan orientado por objetivos como El Sistema no es un lugar en el que se pueda observar a los estudiantes planeando, explicando, prediciendo, resolviendo o evaluando.

Una de las figuras artísticas más importantes en Hull-House fue una trabajadora social en los años 1930, Viola Spolin. Spolin desarrolló un inventario de juegos de teatro basados en sus observaciones de los juegos de niños como ‘casa’, ‘tienda’ o ‘doctor’.

Esta parte me pareció particularmente interesante, y no solo porque Hull-House tenía una trabajadora social involucrada en la educación del arte. El programa educacional de Spolin aparentemente surgió y fue construido a partir de lo que los niños ya hacían, y mantuvo a los juegos y el devaneo como base. En otras palabras, los estudiantes y sus prácticas y necesidades vinieron primero, y el programa educacional fue creado alrededor de ellos. En El Sistema venezolano, es al revés: el programa educacional viene primero – aprenderás a tocar en una orquesta – y los niños son adaptados a él, sus intereses y necesidades pre-existentes son de interés marginal. Si se existe una pobre compatibilidad entre ambos, es el niño el que debe cambiar (o abandonar), no el programa.

Parece que Spolin aprendió de los niños al igual que les enseñó; primero los observó, en lugar de decirles que es lo que tenían que hacer. Creía que lo que los niños ya sabían hacer tenía un valor social y cultural, en lugar de tratarlos como tabula rasa. Su programa pedagógico era una respuesta creativa, no un plano prefabricado. Es la diferencia entre crear un programa de teatro innovador basado en los juegos de los niños y decirles a los estudiantes que deben aprender Shakespeare de memoria porque los hará mejores personas. Es la diferencia entre comenzar por las habilidades e intereses musicales que ya tienen los niños, y poner un violín en sus manos, Tchaikovsky 4 en el atril, y decirles que deben aprenderlo para un concierto la semana siguiente.

La educación es algo inevitablemente político. En las casas de settlement,

Las artes eran una parte estratégica de su agenda para convertir a nuestra democracia en algo más robusto e inclusivo.

Así como he argumentado anteriormente, una orquesta está lejos de ser una herramienta obvia para la promoción de la democracia, y a menos que se realicen cambios significativos a la dinámica de su organización – cambios que no han sido realizados en Venezuela – modelará y normalizará la autocracia en lugar de la democracia.

Así que, aunque me parece que el artículo es excelente y es muy bueno ver que sea publicado y discutido en un foro de El Sistema, debemos tener cuidado al hacer un paralelismo entre los Estados Unidos y Venezuela. Personalmente, considero que el contraste es lo que es más interesante, no las similitudes. Eric Rasmussen escribió en una respuesta a este sitio web el año pasado:

La investigación que a mí me gustaría hacer (y ya he comenzado) es sobre cómo es la mejor manera en que los niños aprenden a entender funciones harmónicas, o desarrollan la capacidad de ser creativos – no simplemente enseñarles a imitar o tocar las notas en una página. […] Quiero músicos de todo tipo: compositores, improvisadores, cantantes; y en todos los estilos, no sólo el clásico.

Esta es una visión ejemplar – pero no es una que esté siendo llevada a la práctica en el núcleo promedio en Venezuela. Esto es algo que no es popular decir (y probablemente no tenga perdón) en los círculos de El Sistema, pero creo que Venezuela podría aprender más de una cosa del pasado y el presente de la educación musical en los Estados Unidos.